Dr. Beresmundo Peralta Alonzo: Referente
de la Medicina Uruguaya (VIII)

 

Elbio D. Álvarez Aguilar.

 

Tarde soleada, una Ruta 5 con poco tránsito de un miércoles después del mediodía. Disfrutable realmente. Nos acompañaba nuestra esposa Elizabeth y el hijo menor Sebastián, Fotógrafo en nuestras entrevistas de Referentes. Destino: Durazno. Los tres viajábamos con mucha expectativa. Esa que despierta el saber que íbamos a encontrarnos con un hombre y un médico que por sus profundos valores humanos y su entrega sin límites a los demás, haría emanar el caudal de sus afectos y prestigiaría esta página de “Referentes de la Medicina”. Lo conocíamos, claro que lo conocíamos. Más de una vez nos había atendido y nos había hecho comprender el sentido de la palabra compañero (del latín “compagnus”: compartir el pan). ¡Y cómo y cuánto ha compartido con el mundo, desde muy joven, su cariño sin barreras hacia el semejante y, después, todo el saber que le brindó la ciencia!. El Dr. Beresmundo Peralta Alonzo, nacido un 22 de octubre de 1922, es un referente
ineludible para el pueblo de la ciudad del Yí. Es un Referente de la Medicina, pero más que ello, un referente ético y moral, para todos y cada uno de sus colegas. Y de todos cuantos lo conocen.

Una familia humilde materialmente
pero muy rica moralmente

El Dr. Peralta, Lilo para sus amigos, nació en una familia humilde, en Durazno, en el barrio “el Zambullón”. Fue el primer hijo del matrimonio de Pablo Peralta y Blanca
Alonzo, que dieron al mundo 8 hijos y adoptaron otro a quienes sus hermanos siempre lo quisieron y amaron como tal. Pablo Peralta (que falleció a los 92 años) era uncionario municipal y Blanca Alonzo (que falleció a los 87 años), ama de casa, que también supo defenderse lavando y planchando ropa.
Al hablarnos de su familia, no oculta su orgullo: “Mis padres recibieron muy poca formación intelectual, sin embargo supieron inculcarnos valores cristianos universales,
como el amor al prójimo, al desvalido, a la naturaleza...pero además nos formaron en el respeto a los demás, en el orden y el trabajo y, hasta te diría, co n cierto rigor disciplinario, pero todo dentro de un profundo sentimiento de amor hacia nosotros ”.
Con una paz interior propia de los hombres buenos, rememora su pasado y nos dice: “mis padres compensaron su pobreza material e intelectual con un peculiar sentido
común, intuitivo y humanitario”.

Entre carencias y privaciones
agravadas por un vicio

No lo interrumpimos, nos hace bien escuchar sus reflexiones: «la vida familiar se desarrollaba en medio de una lucha diaria por la sobrevivencia, con muchas carencias y
privaciones. Las magras entradas económicas de aquella época se agravaron, amentablemente, por el hecho de que mi padre cayó en el alcoholismo durante varios años y parte del salario se perdía en ello”.
Cuando íbamos a esbozar una pregunta, él pareció intuirla: “ Debo reconocer sin embargo que aún alcoholizado mi padre jamás nos castigó. Era un hombre particularmente bueno, aún cuando estuviese alcoholizado. Fue siempre un ser querible y sin duda eso lo ayudó a superar después ese problema que tanto influyó en su vida y en las nuestra.

A los 6 o 7 años comenzó a
trabajar en todo un poco

¿...?. “Sí, me vi precisado a salir a trabajar desde muy niño. A los 6 o 7 años vendía verduras cultivadas en casa y pan casero amasado por mi madre. Fui peón carrero en carros que, por aquella época, traían a la ciudad lo producido en el campo, y llevaban al campo lo que la gente necesitaba para sus familias. Repartí leche, fui lustrador, diariero, vendedor de lotería, portero de cine y mandadero de una sombrería para señoras”.
Sonríe mirando a la distancia, tal como si volviera a enriquecerse como humano en su vida de privaciones.

Conoció todos los barrios y
pasó por todas las escuelas

¿...?. “No, no. En el Zambullón de la calle Rivera y Bolívar (donde hoy está la Ruta 5), estaba la casa donde nací. Pero después, como no teníamos casa propia alquilábamos y
no siempre podíamos pagar. Nos veíamos obligados entonces a mudarnos. Fueron decenas las mudanzas. Conocí todos los barrios de Durazno, pasé por todas las escuelas y cambié de compañeros y de vecinos un sinnúmero de veces”.
Y salta su optimismo vital: ”Claro, al principio como niño, quizás fue traumático, pero luego, mirándolo positivamente significó que sintiera que todo Durazno fuera mi barrio”. Subraya repitiendo...TODO DURAZNO. Y agrega: “Eso hace que hoy me sienta un terrón de esta tierra de mi pueblo. Es cierto que ese tiempo de mi niñez  realmente fue muy duro, pero te digo con toda sinceridad que fue muy amado por
mí. Aprendí, aprendí de todo y con todos. Fundamentalmente aprendí
todo lo bueno de la gente”.

La muerte de sus hermanos: un
drama que vuelve a golpearlo

Sus ojos brillan con tristeza cuando nos dice: “En esa época de mi niñez tuve que vivir otro drama que me marcó profundamente. Perdí cinco hermanitos de distintas edades
en el lapso de 5 años, como consecuencias de distintas enfermedades para las cuales no existían en la época ni medicinas ni vacunas adecuadas que hoy son salvadoras. Pero,
debo decirte también, que otras de las causas fueron las dificultades para cubrir la asistencia, la desnutrición y  la insalubridad de las casas donde tuvimos que vivir. Todo
se unió para que la meningitis, la tos convulsa, la neumonía y la distropias, se llevaran a mis hermanitos y produjeran en mi familia desgarramientos implacables”

Su opción por la medicina y su
Vocación de humanista

¿...?. “ Pienso que esa tragedia que te contaba, que dejó huellas muy profundas en mis sentimientos e interrogantes grandes en mi niñez, fue más tarde uno de los factores
determinantes de mi vocación por ser médico, y que en esas huellas, se cultivó mi voluntad de hacerme un médico arraigado en los más profundos principios humanistas”.
¿...?. “Sí, tengo fe. Pienso que esa fe me ha ayudado en esas y en otras instancias. Lo que yo digo es que no tengo o no me adhiero a ninguna organización ritual. No cumplo
ningún rito. Es que, sabés?, pienso que falsear un rito, hacerlo sin sentirlo profundamente, sin tenerlo incorporado a uno, es ultrajarlo”.

Su adolescencia y su
amor de toda la vida

El tránsito por la niñez del Dr.  Peralta, raíz sobre la cual comienza a construirse el hombre que dedicaría luego su vida a servir a los demás, es largo, apasionante,  formativo, pleno de humildades y riquezas.
De ese tránsito, sólo hemos realizado algunos pincelazos que sin duda no expresan fielmente la riqueza de su contenido.

Dejamos caminos, flores y piedras, para
que nos lleve a su adolescencia.

“Bueno... concurrí al único Liceo que había en Durazno en la década del 30. Lo hice, te imaginarás, con las dificultades propias de quien no poseía los recursos necesarios para
comprar libros y otros materiales.
Pero, felizmente, cursé los cuatro años con éxito. Pero...pensándolo bien, fue una época muy, pero muy feliz” y sonríe con esa bonhomía que le es propia.
¿...?. “Es que cultivé amistades que aún hoy mantengo. Y sin risas eh: me enamoré y para siempre de una jovencita que vino desde Bella Unión y me cautivó”.
Mirando como un adolescente a su esposa, me dice: “Ahí la tenés...siempre juntos,
hace más de 50 años”.
¿...?. “Bueno, siempre no o siempre sí. Según como lo mirés. Porque en los años que pasé lejos como preso político, estuvo también a mi lado espiritualmente”.
En esa época liceal- continúa- “conocí y disfruté de profesores de una calidad humana impresionante que enriquecieron mi personalidad, me ayudaron a crecer y me impulsaron a no decaer en mis estudios. Nunca podré olvidar la talla intelectual y
humana del Profesor Carlos Scaffo, de Espinosa, del Dr. Filippini; la dulzura de Talita Carámbula y de Beba Mondragón; la serena y elegante figura de Eva Bayón; la seriedad
responsable de Emilia Rosas, por nombrar solo algunos de aquellos que supieron trasmitirme valores éticos imponderables”.

Un Durazno casi rural

¿...? “En aquella época Durazno era una ciudad muy chica, casi rural; tranquila. Había un centro adoquinado y barrios con calles de tierra. Comenzaban a nacer algunos barrios suburbanos: Pueblo Nuevo y Santa Bernardina con dos fábricas (una de artículos de cemento Pórtland y otra manufacturera de cereales. Aparte de eso no había otras
fuentes de trabajo. Bueno...hoy es igual, a excepción de los empleos del Municipio, del Estado y en parte, de los comercios”.

 

 

La realidad asistencial

“¿La asistencia médica?. Bien, había una Asistencia Pública gratuita que se practicaba en el Hospital para la gente con pocos recursos. Y luego los médicos realizaban también
una asistencia privada en consultorios o a domicilio. Más adelante yo también viví la época del llamado de campaña por un enfermo desconocido; conocí el meterme en una
huella de barro negro en compañía del chofer de Ferrán que me llevaba; recorrer 8, 10, 12 leguas en varias horas para recién llegar a destino y encontrarme muchas veces
con situaciones desesperantes.

El Yí y arroyos crecidos y vuelos
en avionetas

La charla, sin quererlo, nos aparta del orden cronológico, salteándonos Facultad y  recordando vivencias de lo que hoy llaman Médicos de Familia y que, en aquella época, era la impronta más común en los profesionales concientes.
¿...?. “Si. ¡Cuántas veces crucé el Yí u otros arroyos crecidos, aún de noche; otras veces me trasladaba en avioneta, descendiendo 2 o 3 veces para ubicar, en medio de la
lluvia, la arboleda señalada como cercana a donde vivía el paciente.
Había que hacerlo o hacerlo ya que estaba en juego la vida de un semejante”.
¿...?. “No, no es nada extraordinario. Tampoco una heroicidad propia. Muchos médicos, en distintas partes del país te podrán contar situaciones semejantes. Ahora.. que eran
otros tiempos, de verdad que eran”.

Un consultorio junto al
Arroyo Feliciano

¿...?. “Si, tuve un consultorio en zona rural. A unas 12 leguas de Durazno, junto al arroyo Feliciano.
Allí concurría los sábados en un viejo Mercury con pantaneras. A aquel caserío lo llamaban “el pueblo de Grillo”, nombre de un señor que tenía un gran almacén de ramos
generales y que me cedía una pieza de su casa para que atendiera a los pacientes”.
En el diálogo con este hombre y médico a quien todo Durazno y gran parte del interior lo quiere, admira y cuyos colegas lo miran como un gran referente existencial, surgen
anécdotas sobre las cuales quizás algún día volvamos a escribir en profundidad.

Partos sobre cojinillos y una época
de “curanderismo

¿...? “¡Cuántos partos hube de hacer sobre una mesa o cojinillos o con un banco de ceibo bajo las nalgas de la parturienta!. Sí, claro, en esa época también estaba en auge
el “Curanderismo” y eso constituyó un problema más para la gente y para nosotros los médicos. Más aún para los jóvenes.
Pero, en primer lugar, había para los médicos la necesidad de conocer a fondo el problema y comprenderlo en sus distintas dimensiones y, después, presentar razones válidas y respetuosas que evitaran los malos entendidos y los males que podrían surgir
en ciertas circunstancias”.

 

El estudiante universitario

La charla sin otro libreto que el que va surgiendo de los propios relatos, nos lleva nuevamente a su juventud.
“”Terminados los 4 años liceales, al no existir aquí cursos de Preparatorios, me decidí a ir a buscar trabajo a la Capital, para poder seguir estudiando. ¡Qué tarea!. Comenzaba el año 41. Yo, como era costumbre de la época, llevaba recomendaciones de autoridades de Durazno que me conocían desde chico. Pero tuve que peregrinar largo por  es
torios, oficinas y comercios. ¡¡Y sin éxi to!. Claro, era difícil porque yo planteaba la necesidad de contar con horas libres para asistir a clase”

Soldado en el Batallón
13 de Infantería

¿...?. “Sí, te cuento. Las clases ya estaban por empezar en el Vázquez Acevedo, cuando, como única instancia, conseguí entrar como soldado en el Batallón 13 de Infantería que estaba en la calle Dante y República. Se me permitió ir a clase en horas nocturnas, después de cumplir con las guardias diarias, Debo aclararte que en ese tiempo se vivía
la Segunda Guerra Mundial y el ejército uruguayo tenía que cubrir guardias de protección en Embajadas Extranjeras y en empresas multinacionales (Esso, Shell, Texaco), además de las habituales en cárceles Central, Miguelete y Punta Carretas y yo, como soldado, debía cumplir con esas guardias cuando me lo ordenaban”

Otro rasgo de su grandeza

Este hombre que fue torturado y estuvo preso en el Penal de Libertad por el “delito” de no omitir asistencia a integrantes del M.L.N. y quizás también por haber sido el
Candidato Único del Frente Amplio para Intendente de Durazno en 1971, habla de aquel Ejército (ejército Civilista, Constitucionalista, de soldados de alpargatas y poncho), con
mucho respeto. Y recuerda con mucho cariño al alto Oficial de Estado Mayor que le abrió esa posibilidad de estudiar, pese a lo duro del trabajo: el Mayor Felipe Santiñaqui”..
¿...?”¡Qué experiencia!. Recuerdo horas interminables de sol abrumador en verano y noches heladas en invierno, caminando continuamente sobre los muros de Puntas Carretas, envuelto en un poncho cuando me lo permitían.
¿...?. “Sí, fueron experiencias muy fuertes. Pero debo de reconocer que siempre recibí la fuerza para transformar lo difícil en fácil y lo desagradable en algo positivo que me ayudara a sobrevivir y a aprender”.
“¿Qué hacía en esas horas?. Y qué podía hacer en la soledad...repasar en la memoria lo estudiado en los libros, pensar, reflexionar serenamente, buscarme a mí mismo, conocerme y quererme tal cual era. Siempre con la mira de superar lo transitorio para lograr el objetivo que me había marcado: ser un médico al servicio de todos y poder hacerlo en mi pueblo natal, para mi gente”

La facultad y los Hospitales. e
instructor de reclutas

¿...?. En los  años de Preparatorios pude ver a mi familia sólo una o dos veces. El trabajo y lo poco que ganaba no me lo permitían. Luego, al entrar a Facultad, surgió otro inconveniente. En el 13 de Infantería no podía seguir por los horarios.
Dejé ese trabajo y logré ubicarme en el Batallón 5º. de Ingenieros de Radiocomunicaciones ubicado en Peñarol. Allí permanecí 4 años haciendo guardias nocturnas y como instructor de reservistas y de reclutas”.

Practicante y Médico Interno

¿...? “Mirá, todo pasa. Cuando iba a ingresar a 5º. Año de Facultad, concursé para el cargo de Practicante y Médico Interno en el Hospital Militar Central. Salvé el concurso y pasé a oc uparme de dos Salas de Medicina y Servicios de Guardia Médica”.
¿...? “Terminé la carrera en el año 1949 y decidí volver a mi pueblo.
Antes, cursos inolvidables en el Maciel, en el Visca, en el Pereira Rossell, Vilardebó, Colonia Etchepare, Hospital de Clínicas (Traumatología aún no estaba habilitado).

Recuerdo de sus
Profesores

¿...?. “Tuve la suerte de tener profesores como García Otero, Herrera Ramos, Purriel, Ferrari en Medicina, Navarro, Stajano, Nario, Bermúdez, Chifflet en Cirugía, Bartolomé Viñales (padre) en Dermatología, Justo Alonzo (Otorrino), Velazco Lombardini e Isassi en Cardiología e iniciando la Electrocardiología, Surraco en Urología, Barcia en Radiología y, en el Hospital Militar tuve la gran suerte de conocer un médico brillante por sus conocimientos, su ética, su hacer médico y su cultura general: al Dr. Héctor H. Muiños”.
El Dr. Peralta narra con su decir cadencioso y nada parece escapar a su memoria. Disfruta todos y cada uno de sus recuerdos. De los buenos y de los otros. Es que es de
esos hombres que aprende permanentemente con sus vivencias y parece que refrescara su saber con los recuerdos.

Con su título de médico retorna a Durazno

El chiquilín humilde, de pies decalzos o zapatillas rotas, diariero, repartidor carrero y mil “peonadas” más, vuelve a Durazno con su título de médico, sintiendo sin duda, que
además de cumplir con su vocación, ha logrado lo que silenciosamente prometió a los cinco hermanitos que perdiera por distintas enfermedades.
¿...? “Rápidamente me inserté nuevamente en mi pueblo. Fui nombrado para ocupar un cargo vacante de Jefe de Servicio Sanitario de la Base Aérea No.2 de Durazno”
Ese cargo lo ocupó hasta que renunció al mismo a fines de 1970.
Posteriormente al aceptar - (luego de consultar a su familia) - la postulación de la gente de la zona, lo eligieron candidato único del Frente Amplio a la Intendencia.
El Dr. Peralta es de origen blanco, aunque desde joven fue votante del Socialismo
¿...? “Los colegas de entonces me recibieron muy bien. Visité a cada uno de ellos y todos se mostraron gustosos de integrarme a sus tareas hospitalarias. Empecé a concurrir diariamente al Hospital. El Dr. Eduardo Calleri, Jefe de Cirugía del Hospital me dio la oportunidad de trabajar junto a él. Fue mi gran Maestro en esa especialidad que él dominaba ampliamente. Después fue también mi gran amigo. Con el y con
todo el equipo de cirugía conviví 23 años de labor intensa y en forma totalmente honoraria. Tuve el honor de que Calleri me eligiera médico de su familia y tuve el honor de intervenir quirúrgicamente con éxito a dos de sus hijos, a su señora esposa y a él mismo. Mucho tendría para decirte del Dr. Calleri pero te sintetizo diciéndote que fue un HOMBRE CABAL, SINCERO, VERAZ Y HUMANITARIO,..marcó mi
vida, fue mi referente personal y profesional”.
“En realidad con todos los colegas de mi pueblo nos hemos ayudado mutuamente pensando siempre en el paciente. Fui médico de cabecera de los Dres. Emilio Penza,
Amadeo Grosso, Pablo Paladino, Raúl Santini, Invención Ocampo y últimamente del Dr. Santana Etcheverrito”

En 1950 se casa con
Margarita Anzorena

Los ojos le brillan. Mira a su esposa con dulzura y recuerda.
“En 1950 me casé con esta señora (Margarita Anzorena), que, como te
había contado, nos ennoviamos en 1940. Los dos habíamos terminado
las carreras: ella Magisterio y yo Medicina. Tuvimos 5 hijos: la menor, Ana Gabriela falleció a los 18 años, después de una cruel enfermedad”.

La muerte de su hija Ana Gabriela

Sus ojos vuelven a ponerse brillosos y un dejo de tristeza y ternura cubre su rostro. “Yo estaba preso cuando se descubre su enfermedad. Ana Gabriela amaba la vida. Era Campeona Sudamericana de 100 metros, de 200, de salto largo, de posta x 4 y había competido en Perú, Concepción de Chile, en Río de Janeiro, en Porto Alegre y, naturalmente en el Uruguay. Pude acompañarla en los últimos meses de su hermosa vida”.
Rápidamente le preguntamos por sus otros hijos y nietos: “Dos varones y dos mujeres. Pablo, el mayor, es Sacerdote; Alejandro, el menor, es Ingeniero Agrónomo, Master y
Doctorado en Ciencias Agrícolas y vive en Brasil; Rosario es Licenciada en Educación Física y vive con su hija en Barcelona y Margarita María (que estuvo presa un año y
medio) es Directora de Empresa.
Y, por ahora tenemos 5 nietos. Somos felices, muy felices con esa hermosa familia”.

Una boda de oro con todo un
Pueblo presente

Lo sabíamos pero igualmente se lo preguntamos. Y ahora sus ojos brillan, vuelve a sonreír y mira a los ojos a Margarita. “Sí, cuando cumplimos 50 años de casados, nosotros a nadie le habíamos dicho. Pero todo un pueblo se hizo presente.
Vino gente de todos lados. Sólo habíamos mandado tarjetas a quienes no vivían en Durazno y aquí en CAMEDUR  pusimos avisos, también en la Iglesia, en el diario y en el boca a boca. Fue maravilloso. Mi hijo sacerdote y otros sacerdotes de acá nos ofrecieron una misa que nunca olvidaremos. Fue una misa distinta, sin solemnidades, sencilla pero conmovedora”.

Preso político querido por un pueblo
que no lo olvidó

El Dr . Peralta, el médico de Durazno, querido y admirado por todo su pueblo, cualquiera sea su posición económica, política, filosófica, religiosa, es detenido en el año l972 y llevado al Cuartel de la ciudad.
¿...? “Me trataron como a todos. Torturado  como  todos.   Incluso nunca se me preguntó por mi calidad de médico, jamás por mi actuación en la Base Aérea, ni por mi candidatura del Frente. Es que vos sabés como yo, quienes dirigieron la represión aquí: Gavazzo y 16 más vinieron a mi casa (aparentemente era “muy peligroso”), después de
una sesión que habíamos tenido del Sindicato Médico. Gavazzo ya era
Mayor y Encargado de Inteligencia, me interrogó personalmente, aunque no registraba en Durazno. Vino por aquí acompañado creo por Silvera (“Pajarito”)”.

En el Penal de Libertad con el No. 037

¿...?. Sí, después de 6 meses me llevaron al Penal de Libertad. Soy uno de los que tienen “el honor” de haberlo inaugurado. Yo tenía el No. 037. De la vida en el Penal hay de
todo para contar. Grandezas y también pequeñeces. Solidaridades profundas siempre. Oportunidad de servir a los compañeros como médico y como hermano. Ocho años
en los que actuamos junto a otros numerosos colegas.  Fue importante que nos dejaran ejercer: los compañeros se sentían atendidos, aunque la atención la prestábamos, como sabés, bajo el control de soldados. En las “jaulas” internas armados. En los recreos con perros y metralletas en las torres.
Hice cirugía, traumatología, medicina general. En los 8 años que estuve pasaron por allá unos cinco mil presos políticos. Para ellos logramos incluso montar un Laboratorio de Análisis Clínico elemental pero necesar io pa r a   c i e r tos  di agnós t i cos   a cuyo frente estuvo un prestigioso Químico-laboratorista”.

Dos recuerdos: salvando la vida de un soldado y
 de un compañero, con los Dres. Bonilla y Arén

¿...?. “Sí, fue así. También los soldados querían atenderse con los médicos presos. Dos recuerdos entre muchos: en una oportunidad, junto a los Dres. Bonilla y Arén, nos
tocó operar en condiciones desesperantes a un soldado que se había pegado un balazo debajo del mentón. Luego de la intervención lo traqueotomizamos y lo trasladaron al
Hospital Militar; en otra oportunidad me llaman porque un muchacho preso se había colgado con bolsas de nylon de las rejas de la ventana. Estaba con un paro cardíaco y logré sacarlo con respiración artificial boca a boca y masajes cardíacos. Cuando llegó el médico militar, el compañero ya respiraba”.
“Sí, vive y somos muy amigos; es un profesional del interior”.

Teníamos que cuidar una vida que
no era nuestra

Le preguntamos al Dr. Peralta (en cuyo rostro no se exterioriza rencores y, por el contrario, recuerda las cosas positivas vividas, sin olvido de las otras), ¿por qué habíamos logrado salir sanos mentalmente del Penal?, y nos responde con su innato humanismo:
“Pienso que salimos mentalmente sanos, porque sabíamos que teníamos que cuidar mucho esa vida que no era nuestra; que la vida que se nos había dado como seres humanos, se la debíamos a quienes estaban con nosotros, dentro de nosotros, acompañándonos y sobre todo a lo que estaban afuera, a los nuestros propios, a nuestra familia, pero también a todos los amigos que estaban sufriendo pienso, más que nosotros. ¿Por qué?. Porque nosotros sabíamos lo que estábamos viviendo. Nosotros también teníamos miedos y más o menos sabíamos lo que nos podía pasar.
Pero ellos, afuera, tenían miedo también, pero no sabían lo que les podía y nos podía pasar”
¿...? “Pienso también que nos ayudó el que se nos diera la oportunidad de servir. Y eso es vida. Y también recibíamos. Y lo que recibíamos de quienes no tenían nada que
dar era demasiado. Todo aquello fue como un alerta que alimentó una esperanza, un esperar con fe”.

Dos nombres que no olvida

En la profundidad de sus reflexiones, el Dr. Peralta es siempre asombrosamente objetivo. Nos narra anécdotas vividas, en las que el  hombre se impone al soldado a
quien  pretendían disminuirle su capacidad de ser humano: voces de aliento, un sorbo de agua por debajo de la capucha, un paquetito de yerba alcanzado silenciosamente por la ventanilla de la celda, noticias buenas de la familia y mil cosas más.
Analiza también a los otros: a los que torturaban. Y dice: “es que más
de uno de ellos hubiese querido ser como nosotros, y no tenían la felicidad de una familia, de unos hijos, de amigos de verdad y entonces actuaban como si quisieran vengarse de lo que no habían podido lograr en su existencia”.
“Pero, agrega sin vacilaciones, entre los Oficiales encontramos también personas, gente de bien. Yo recuerdo y lo destaco, un día en que estaban repartiendo el agua caliente en la Cárcel de Libertad, para tomar el mate de la tarde, que se abre la puerta de mi celda y entra un Teniente Coronel acompañado de sus Ayudantes y me dice: ¡Lilo, como
estás!. Lilo es mi nombre de pila, de familia. Y se abrazó conmigo y me
dijo que recién se había hecho cargo de la Dirección del Penal y quería verme y saludarme para comunicarle a mi familia cómo estaba”.
¿Podés nombrarlo?, le preguntamos. Y sin vacilar contesta:”No tengo ningún inconveniente: Ramón Hugo Martínez, que había sido piloto de la Fuerza Aérea y había hecho su carrera desde soldado, a quien le asistí a su señora en más de una oportunidad. En la Navidad siguiente a esa fecha, vuelve a abrirse la puerta y este mismo amigo (por
qué no voy a decirlo), entra, me abraza y me dice ¿dónde voy a pasar mejor que contigo un rato en esta fecha?.
También ambos recordamos como persona de bien al Mayor Alcides Etcheverry, quien fuera nada menos que Jefe del S-2 en el Penal: “ Etcheverry fue Oficial de la Fuerza Aérea cuando yo estaba de médico allí. Siempre tuvo buenas actitudes. Y después supe de buenas acciones durante su actuación en el Penal. Y bueno, por algo duró poco allá. Estuvo en la época en que todavía no sabían ser carceleros. Y él no fue
carcelero. De los demás no hablaremos. Que queden allí, anónimos,
olvidados”.

Nuevamente el médico más  votado
por el Sindicato

Volvemos a Durazno, luego de reflexiones compartidas sobre la naturaleza del “bicho humano”, y nos encontramos en este 2001 al  Dr. Beresmundo Peralta una vez más
votado por todos sus colegas para la Presidencia del Sindicato Médico, cargo que no aceptará si es designado, pues “ya es tiempo de dejarle el lugar a las sabias nuevas del
hacer médico”.
El Dr. Peralta, nuestro Referente de hoy, fue fundador del Sindicato Médico de Durazno (se creó a su impulso e iniciativa en 1952) y fue fundador de la actual Cooperativa
Médica (CAMEDUR). Fue becado además al Primer Congreso Mundial
de Medicina Espacial y estuvo tres meses visitando 19 centros de preparación del viaje del hombre a la luna, entre ellos la NASA y Cabo
Kennedy ( EE.UU. 1964).
Fundó el servicio de transfuciones, fue encargado de maternidad y ejerció 23 años la cirugía total.
Trabajó (después de ser liberado en el 79 y antes de que se le permitiera volver a Duirazno en 1985) en Piriápolis y Playa Verde “como sobrestante de albañil donde se construía una Planta Pesquera, en un trabajo que me consiguió mi hija; después de inaugurarse la Planta quedé como médico por dos años. Luego cerró la planta, quedé sin trabajo, mis hijos me llamaron desde Europa y nos fuimos con Margarita y
estuvimos 6 meses allá”.

 Un pueblo ya los esperaba en 1985

La odisea termina en 1985 con el advenimiento de la Democracia.
Durazno se entera de su retorno cuando ellos ya habían llegado.
Días después cientos van a esperarlo en camiones y ómnibus. Miles lo esperan en un acto que le organizan para recibirlo y trasmitirle un cariño, un afecto y un reconocimiento, que los años oscuros de este país, ni atemperaron ni adormecieron. Gestionó su reingreso a la institución. No le reconocieron los casi 30 años en Salud Pública, porque siempre había prestado funciones en forma honoraria.
Reingresó a CAMEDUR (socio cooperativista desde siempre), donde sigue actuando hasta el presente como médico internista. CAMEDUR nunca lo borró del Registro,
aunque en el período que estuvo preso fue funcionario sin aportes y sin rentas. Tiene sí un retiro médico de la cooperativa, que incluso aprobó un artículo para protegerlo en ese
sentido. Quizás se retire en diciembre de este año, a los 79 años de edad.
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Es tan rica y tan apasionante la vida de este médico de tierra adentro, que al hacer esta nota no hemos dejado de sentir rubores al pensar que de pronto la empobrecemos por nuestras humanas limitaciones periodísticas. El Dr. Beresmundo Peralta cuya estatura humana, lo hace un símbolo ético y moral, y cuya vida es ejemplo de quien hizo siempre de las dificultades, un escalón para proyectarse con humildad como PERSONA portadora de los más sensibles valores humanos, presenta otras facetas que, sin ser menores, han quedado lamentablemente fuera de esta nota. La vida de este hombre no ha pasado en vano. Su ejemplo, su amor a la familia centro medular en su existencia, su solidario espíritu cuyas raíces están en sus ancestrales ansias de servir al semejante, lo hacen más que un “Referente de la Medicina”, un referente moral en cuyo seno encierra un hondo sentimiento de amor hacia la gente.



 

 

 

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