Nota III - Medicina Paliativa
La obligación médica de controlar
el dolor y el derecho a no sufrir

 

Cuando asistimos a un paciente diabético y comprobamos que tiene hiperglicemia, rápidamente la controlamos. Indicamos rigurosas dietas, planificamos en qué momento usaremos antidiabéticos orales y valoramos la posibilidad de usar insulina. Indicamos control de glicemia capilar en cada turno de enfermería y al día siguiente valoramos el nivel de glicemia y seguimos haciendo los cambios necesarios hasta obtener un óptimo tratamiento.


Cuando asistimos a los pacientes hipertensos nos ocurre lo mismo: valoramos, planificamos, indicamos medicación según pautas y al día siguiente evaluamos.
Pero ... ¿qué ocurre cuando asistimos a un paciente que tiene cáncer y dolor?. Hacemos una evaluación clínica básica e indicamos tratamiento analgésico. Al día siguiente el paciente continúa con dolor intenso, pero las indicaciones no se cambian y cuando se modifican se hacen sin seguir una estrategia, y este es el momento en el que aparece nuestra creatividad. Indicamos analgésicos potentes a dosis insuficientes y a intervalos erróneos y cuando al día siguiente no fueron lo "efectivos" que nosotros esperábamos, los cambiamos por otros de menor potencia, los mezclamos, indicamos sedantes y antidepresivos, y llegamos a usar simultáneamente la vía oral, la subcutánea y la intravenosa. Pero los días pasan y el dolor de nuestro enfermo sigue creciendo.


El dolor en los pacientes con cáncer puede controlarse con medidas sencillas en el 95% de los casos. Sin embargo la mayoría de nuestros pacientes viven y mueren con dolor.


El dolor degrada, hace indigna la vida de los enfermos y es una de las pocas causas de suicidio en los enfermos con cáncer.


Lleva a múltiples consultas a emergencias móviles, internaciones y estudios innecesarios y a malgastar los pocos días o meses que quedan de vida buscando una solución que no llegará. Con nuestra actitud logramos convencer a los enfermos que el cáncer necesariamente debe doler y que no hay alternativas. Aprenden a convivir con esta tortura y mueren sumidos en el dolor y el sufrimiento.


Los familiares miran impotentes este sufrimiento que deja huellas imborrables y buscan desesperadamente otras soluciones, generando falsas expectativas y desembolso de dinero que muchas veces no tienen.


El sistema sanitario y los profesionales estamos ajenos a este grave problema humano y sanitario. No lo vivimos como un problema porque internamente "pensamos" que el cáncer debe doler y nadie nos enseñó que tenemos la obligación de controlar el dolor de nuestros pacientes.


Gastamos irresponsablemente en analgésicos mal indicados, internamos a nuestros enfermos y los estudiamos nuevamente buscando el origen de tanto dolor, cuando el verdadero origen de tanto dolor y sufrimiento está en nuestra propia incapacidad para tratarlo adecuada y efectivamente.


Ciertamente es poco lo que nos han enseñado del tema a lo largo de nuestra carrera, pero eso no es argumento suficiente. Somos autodidactas en muchos temas, pero no en el dolor, síntoma que con mayor frecuencia vemos en nuestros pacientes.Desconocemos pautas sencillas, como las dictadas por la Organización Mundial de la Salud en 1986, hace ya 20 años, que nos permiten controlar el dolor de nuestros enfermos en menos de 24 horas.


Largas historias de sufrimiento quedan atrás, se corre el manto oscuro que cubría todo de dolor, y nuestros pacientes vuelven a poder disfrutar la vida dentro de sus posibilidades.


Pocos momentos son tan gratificantes para los médicos como el observar el rostro aliviado y tranquilo de quien hasta ayer sufría y se retorcía por insoportables dolores.
Aliviar el dolor de las personas probablemente fue lo que nos llevó a querer ser médicos y lamentablemente lo hemos olvidado. Todavía estamos a tiempo.


Dra. Gabriela Píriz Alvarez
Responsable del Servicio de Medicina Paliativa
Hospital Maciel - gpiriz@hc.edu.uy

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