Especial para EL DIARIO MÉDICO
EN FLORIDA VIVE UNA ESPERANZA: EL PAPEL
DE LOS PROFESIONALES DE LA SALUD

 


Dr. Edgardo Sandoya
Ex Presidente de la Sociedad Uruguaya de Cardiología
esandoya@um.edu.uy

 

Cuando cursaba mis primeros años de formación clínica, la medicina estaba centrada en el hospital, donde los pacientes más interesantes eran casos tan raros, que nunca volví a ver situaciones clínicas similares a lo largo de 30 años de ejercicio profesional. En esa época, en Montevideo y en Buenos Aires -donde terminé mis estudios- no tenía ninguna importancia aprender a medir la presión arterial o saber calcular el índice de masa corporal, ni tampoco era necesario tener en cuenta los valores y preferencias de los pacientes. La formación del médico en ese momento no contemplaba esos ni muchos otros elementos que en la práctica clínica de hoy son imprescindibles.


Las transformaciones del estilo de vida, del entorno y de los sistemas sanitarios han determinado un profundo cambio en la carga global de enfermedad a nivel mundial. Las enfermedades crónicas, tales como la cardiopatía isquémica, la hipertensión, la diabetes, la depresión, el asma y las artropatías representan el principal problema sanitario en todo el mundo, incluso en los países más pobres, donde estas afecciones conviven con la desnutrición y las enfermedades transmisibles.


El problema es que la mayoría de los sistemas de salud en diversas partes del mundo siguen enfocados en el hospital.


Las afecciones crónicas pueden ser prevenidas o retrasarse su comienzo. Para ello es necesario, además de una adecuación del sistema sanitario, que el personal de salud desarrolle las competencias (conocimientos, habilidades y actitudes) para trabajar en la promoción de salud y en la prevención de enfermedades.


¿Cuáles son estas competencias? La Asociación Médica de Canadá definió cuales deben ser los roles del médico del nuevo milenio, definiciones de donde se extraen conceptos valiosos.1 El médico, como en todas las épocas, debe ser un experto en curar, con amplio conocimiento de la medicina y de su ejercicio mediante una adecuada combinación de arte y ciencia. Para poder desempeñar ese papel establecieron que un médico debe poseer seis núcleos de competencias, los que son: profesional, comunicador, estudioso, colaborador, promotor y gerente. ¿Qué comprende cada uno de ellos?


Profesional: implica altos niveles de conocimiento y práctica y compromiso con los valores de servicio y compasión. La profesión debe continuar elaborando pautas de manejo para seguir siendo una disciplina creíble, auto-regulada y merecedora de aprecio y respeto.


Comunicador: habilidad para comunicar la información médica y asociarse con el paciente en planes de cuidado y promoción de salud. Como siempre, la relación médico-paciente será central en base a los valores esenciales de compasión, confidencialidad, honestidad y respeto.


Estudioso: esto implica la generación de nuevo conocimiento, su aplicación uniforme y la transferencia a otros. Existe una fuerte relación entre el componente de ciencia de la medicina y el compromiso del médico con el aprendizaje en su práctica.
Colaborador: debe trabajar en equipos interdisciplinarios en el continuo promoción de salud ® situaciones agudas ® cuidados paliativos. En su rol de colaborador reconoce y respeta la función esencial de los otros trabajadores de la salud en el cuidado centrado en el paciente.


Promotor: en la medida que existe un sistema sanitario más complejo e interdependiente con los otros sectores de la sociedad, el médico tiene un gran papel como promotor de la salud individual, familiar y de la comunidad.


Gerente: Para proveer cuidados de calidad, los médicos del futuro deben manejar efectivamente los recursos a nivel de su práctica individual, del centro de salud y del sistema sanitario.


Los colegas canadienses establecen que ningún médico va a funcionar en todos estos roles simultáneamente, pero que si debe tener las competencias fundamentales para participar en cada uno de ellos. Y muy sabiamente plantean que para poder desempeñar estos roles el médico debe tener una vida equilibrada.


Por otro lado la OMS enfatiza en que los servicios de salud en el mundo -orientados a tratar cuadros agudos- son inadecuados para manejar las enfermedades crónicas, pues ellas requieren de contactos regulares y extendidos, y plantea que la organización actual lleva a agregar recursos de forma creciente y a obtener resultados cada vez peores.


La OMS establece cuáles son los cambios necesarios para poder enfrentar el presente reto:


* Promover el cambio de paradigma
* Integrar, evitando la fragmentación de servicios
* Emplear al personal de salud de forma más efectiva
* Centrar la asistencia en el paciente y su familia
* Ir más allá del consultorio
* Enfatizar la prevención


Todo lo que OMS plantea es muy relevante y merece ser analizado detalladamente, pero me detengo solamente en el tercer punto. Allí se establece que para ser más efectivo, el personal de la salud debe trabajar en equipo, desarrollando modelos de asistencia basados en evidencia, y que debe incorporar las destrezas necesarias para el manejo de las afecciones crónicas: técnicas de comunicación avanzada, habilidades para promover cambios de comportamiento y habilidades para educar y aconsejar en forma adecuada.


La situación sanitaria de nuestro país requiere una intervención que integre la promoción de salud, la prevención de la enfermedad y la optimización del manejo de las afecciones más frecuentes, la que luego sirva de modelo para implementar en todo Uruguay. El proyecto PIUREC, concebido para desarrollar esa misión, realiza una intervención comunitaria destinada a mejorar las conductas de riesgo, y de esa forma reducir la morbilidad y la mortalidad cardiovascular en la ciudad de Florida al cabo de 5 años.


Ello coloca a los profesionales sanitarios que participamos del mismo frente a la necesidad de desarrollar las competencias que antes se plantean. Porque para introducir cambios de estilo de vida a nivel de la comunidad es necesario ser profesional, ser comunicador, ser promotor, ser colaborador, promover el cambio de paradigma y por supuesto ir más allá del consultorio.


Todo esto es particularmente desafiante para todos quienes hoy estamos involucrados, pues la formación de la mayoría de nosotros no contempló estos requerimientos, y trabajar en esta línea nos lleva a terrenos desconocidos, pues nos saca de la zona de comodidad construida a lo largo del ejercicio profesional.


Si bien actualmente participamos los mismos cardiólogos, pediatras, nefrólogos, diabetólogos, ginecólogos, deportólogos, nutricionistas, enfermeros, profesores de educación física y educadores de las diversas ramas, dada la magnitud del emprendimiento planteado, necesitamos más voluntarios dispuestos a asumir el desafío de recorrer caminos no habituales para la mayoría de los profesionales sanitarios. El esfuerzo bien vale la pena.

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