eviDoctor - El Diario Médico
Intercambio - Comentario del
Dr. Álvaro Díaz Berenguer

Debate: Ser médico en el Uruguay hoy

Ser médico en el Uruguay de hoy no difiere mucho de ser médico en otras partes del mundo. El mundo se ha globalizado y los problemas también. Por tanto me referiré a lo que ocurre en el mundo occidental de hoy, Uruguay incluido.

Algunos datos

En la década del 70 apareció por primera vez una publicación que mostraba los reveses de la medicina "Nemesis médica" de Ivan Ilich. Allí comienza una etapa de análisis de los beneficios y los perjuicios de los que somos responsables los médicos.

20 años más tarde, 1999 se publicó en Estados Unidos el informe de una institución creada por el gobierno "Institute of Medicine", en el que se afirma que mueren más estadounidenses por errores médicos que por accidentes de tránsito. El periodismo tomó el tema con énfasis particular y la opinión pública se vio sacudida por los titulares que mostraban los resultados alarmantes de la investigación.

Coincidentemente a partir de la década del 70 se ve aparecer en escena la demanda judicial contra los médicos, que crece en número de manera alarmante.
También en paralelo aparece en escena el dolor como entidad particular que es muy difícil de dominar. El mundo occidental vive una epidemia de dolor como de obesidad.

Curiosamente nunca antes la medicina tuvo tantos recursos y tanta potencialidad para curar o aliviar. Sin embargo la opinión pública no lo ve así. Cree que los médicos no actuamos al nivel de nuestras posibilidades.

Algunos intentos de explicación

Explicar que es lo que está ocurriendo no es fácil pero podemos intentar aproximarnos desde un ángulo más sociológico o incluso más antropológico que médico.

Por una parte el sufrimiento, el dolor, la enfermedad dejaron de tener sentido. La humanidad sintió dolor y sufrimiento durante muchos siglos, pero por primera vez en la historia en la última mitad del siglo XX surge la conciencia que eso se puede evitar. En especial la religión católica le daba sentido al sufrimiento y al dolor. Ahora las religiones están en crisis. Se cambió el lugar donde se depositaba la i.e. Mientras Dios era el gran receptor de la i.e., hoy lo es la Ciencia. Mientras antes se podía sufrir porque era una decisión divina, ahora se puede evitar cuando la Ciencia Médica así lo dispone.

Por otra parte, el concepto de muerte también cambió. Algo tan antiguo como la rigurosa muerte, depende ahora muchas veces de la decisión de la "Ciencia Médica". Se puede mantener con vida a seres que hace 50 años morirían. Se puede reanimar a individuos cuyo corazón ha dejado de latir momentáneamente. La figura de la Ciencia se erige así con un poder casi ilimitado. ¿Cómo explicarles hoy a los familiares de un moribundo entonces que "ya no tenemos más para hacer"? ¿Cómo explicarles que el dolor sigue existiendo y que nos es difícil o imposible de evitar?

Errar es humano

Con el desarrollo abrumador de la ciencia y la tecnología en los últimos 100 años, se ha llegado a ver el cuerpo por dentro como si fuera transparente; se conocen los interiores de las células, los genes vinculados con determinadas enfermedades, y está en pleno desarrollo el nivel molecular. Ante esta precisión ¿cómo no exigir certezas? Con un entorno de tanta certeza (de tanta evidencia) los médicos nos olvidamos que actuamos en la incertidumbre de la actividad clínica.

La tendencia mecanicista, robótica, convierte al ser humano en objeto que responde a leyes de la física y de la química, en una perfecta maquina previsible en sus movimientos y resultados: lo que Fromm llamaba el hombre cibernético propio de un mundo deshumanizado. Esta concepción mecanicista está inserta en las mentes de los médicos y de los pacientes contemporáneos. Rige la necesidad de la certeza.

Tanta certeza nos obliga a "no equivocarnos". Pero lo evidente, lo cierto, que las autopsias revelan que el diagnóstico estaba equivocado en cerca del 30 % de los casos. Los médicos nos equivocamos en porcentajes variables, pero siempre nos equivocamos. En tanto los médicos somos seres humanos, erramos, somos falibles. ¿Por qué no reconocerlo entonces?

No es fácil aceptar que cometemos errores porque ello implica desprestigio personal y el riesgo de enfrentar una demanda judicial. Los pacientes dicen con razón que los médicos no reconocemos los errores y que nos defendemos corporativamente. Es verdad: los ocultamos sistemáticamente.

Ser médico hoy implica afrontar la actitud desconfiada de los pacientes sabedores que le ocultamos la verdad. La eventualidad de una demanda flota en el consultorio.

Desconfianza mutua y deshumanización

Si algún médico requiere de atención médica, su actitud no difiere de la de cualquier paciente. Tal vez su desconfianza en el sistema asistencial sea aún mayor. La atención médica hoy en día genera desconfianza, inseguridad.
Por otra parte el médico, desconfía de su paciente ya que es un potencial demandante. Eso se pone patentemente de manifiesto cuando el paciente es un abogado o un juez.
La desconfianza lleva a que el proceso asistencial no se cumpla sobre la base de la construcción en conjunto de un proyecto común, base para la "comunicación" humana fructífera. Por el contrario interactúan mecánicamente, deshumanizadamente.

Como opina Mabel Casanova en su intervención del día 18 de diciembre, la causa de las demandas están más enraizadas en la mala relación médico-paciente que en los eventos adversos surgidos por los errores. Los pacientes nos perdonan cuando les manifestamos nuestra preocupación por una equivocación, pero no nos perdonan cuando se la ocultamos.

La deshumanización nace también en nuestras condiciones laborales. La sobrecarga laboral, los escasos tiempos disponibles para escuchar a los pacientes en aquellas cosas que nada tienen que ver con la patología orgánica, la escasa remuneración sobre todo en aquellos que están en el nivel primario del sistema, las jornadas extenuantes, son factores que afectan profundamente a la relación médico-paciente.

Redefiniciones éticas

Ser médico hoy implica renovar viejos conceptos sobre el fin de la vida, pero también sobre el inicio de la misma. Es necesario definiciones éticas sobre los aspectos vinculados con la atención de los agonizantes, pero también sobre el manejo de embriones en el laboratorio. Es necesario involucrarse en la selección de pacientes para terapéuticas sumamente costosas sobre la base de la "calidad" y "cantidad" de vida. También sobre el manejo de los transplantes o de las células madre.

La fugacidad y la sobreinformación.

Ser médico hoy implica que lo que aprendimos hace dos años, ya no nos sirve
Los textos de medicina están en desuso. ¿Quién va a comprar un libro que le sale la mitad de un sueldo, para que en dos años lo tenga que tirar?
La información disponible es imposible de abarcar. La actualización permanente requiere de la especialización en un área específica, y a la subespecialización sucesiva.

Junto a la superabundancia de información se pierde la jerarquización de la misma, la organización, la unidad y la certificación de calidad.
Es curioso como esta superabundancia de información "científica" se acompaña del resurgimiento de antiguas formas de curar, sin ningún sustento científico, aún por profesionales con el título de médico. Se toman con igual jerarquía en los medios de comunicación masiva directamente influenciados por intereses comerciales, la hidroterapia colónica que la vacunación antigripal.
Los médicos no estamos ajenos a la influencia de la propaganda dirigida al público general.

Ser médico hoy implica separar la paja del trigo, sobre la base del conocimiento del método científico y el conocimiento de los intereses subyacentes.
La frase famosa veritas filia tempore (la verdad es hija del tiempo) pierde pié en el mundo actual donde lo transitorio se erige rápidamente como lo verdadero para dejar paso rápidamente a otra verdad más fugaz todavía.
Ser médico hoy no es fácil, fundamentalmente porque se requiere tiempo: para pensar, para seleccionar la información verídica, para dejar actuar al sentido común, para que la paciencia pueda hacer emerger los diagnósticos encubiertos, para que el paciente se sienta acompañado.

Estos son apenas algunos esbozos de lo que significa ser médico hoy desde el punto de vista de alguien que se desempeña en el ámbito mutual como internista.


Dr. Álvaro Díaz Berenguer
Comentarista invitado - Diciembre 2006

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