EL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN
CAUSAS, CONSECUENCIAS, REFLEXIONES

I

Japón y España se perfilan como los países desarrollados que cuentan con mayor porcentaje de población mayor de 80 años. España tiene cerca de 10.000 ciudadanos que superan los cien años. Uruguay, modestamente, tendría alrededor de 600 personas en esta situación. Sin duda es motivo de alegría saber que hoy es posible alcanzar estas edades, debido a mejores condiciones de vida, a factores genéticos, a la mayor atención de la salud y de educación para la prevención, con una cuota no menor de contribución de nuestros esforzados colegas, y particularmente a que la tecnología en salud, en materia de herramientas de diagnóstico y tratamiento, al avance de la ciencia y de las comunicaciones, ha permitido superar exitosamente circunstancias vinculadas a patologías que hace pocas décadas resultaban fatales. Pese a las críticas que a diario se realizan, no siempre con ánimo de mejorarla, demuestran que tienen impacto altamente positivo. Y a muchas otras causas.

Entre las consecuencias, debemos valorar que como sociedad, la humanidad contemporánea no está en las mejores condiciones para atender debidamente a esta población que en los años venideros será de proporción creciente. No existe una preocupación acentuada por buscar mejores formas de continentar esta población añosa, que necesita su lugar, establecimientos donde vivir con seguridad y calidad de vida, atención médica y otros servicios necesarios, adecuados a sus características. Tenemos un escaso número de geriatras, cuando en realidad necesitaríamos desarrollar esta atención de manera especialmente dedicada, por cuanto es la que de futuro tendrá cada día mayores requerimientos en la demanda. Los servicios de que se nutre una comunidad, tampoco están debidamente enfocando esa realidad cercana, y a las personas añosas se las recibe en forma inadecuada, se las trata sin la consideración debida, y en general, ni siquiera se piensa en sus características, necesidades y limitaciones a la hora de construir edificios o superar las barreras arquitectónicas, o las de comunicación para atender a ese público nuevo de perfiles diferentes.
Si adoptáramos los temas de población como Política de Estado, vale decir, como decisiones que traspasaran los límites temporales de los diferentes gobiernos, a nivel nacional, municipal y local, estaríamos en el mejor camino para ir espigando soluciones en este tema, del que es necesario aprender mucho.

Los sistemas de seguridad social de nuestro país, se han tornado bastante rígidos, en cuanto a los impedimentos para que los mayores, una vez jubilados, puedan realizar algún tipo de tarea que los estimule. Esto, según los especialistas en las neurociencias, hace que las personas, a medida que el tiempo transcurre y ganan edad, puedan mantener sus circuitos neuronales activados, y no se produzca "la caída de los circuitos", como ocurre en las computadoras. Las personas que mantienen una actividad creativa, de atención, recreación y de interés por las cosas que les rodean, y las que desarrollan mejores lazos afectivos con el entorno, son quienes tienen mejores chances de vivir más y mejor, prolongando su vida y añadiendo calidad a esos años. No se trata sólo de durar más, sino de disfrutar mejor esos años que progresivamente se van agregando a la vida de las cohortes.
De modo que deberíamos ver en este campo, la oportunidad de cambios para mostrar nuevas actitudes, que podrían determinar de futuro mejores resultados. Y ser, por eso mismo, tal vez, un lugar que eligieran los añosos de otros países, para venir a pasar en el nuestro, prolongados períodos de sus años felices.

II

El caso de Japón 1

Confrontado a una tasa récord de disminución de la natalidad y un envejecimiento acelerado, Japón parece condenado a la extinción de su población, tal como predicen las últimas estadísticas, que se preguntan si aún es posible revertir esta tendencia recuperando "las ganas de tener niños". La tasa de fecundidad de 2003 en Japón se fijó en 1,29 niños por mujer, un dato del Ministerio de Salud cuya publicación hace poco tiempo cayó como una bomba en la sociedad nipona donde se debate una impopular reforma de las jubilaciones. Esta es la tasa más baja en toda la historia de Japón, que además, dio al traste con los pronósticos gubernamentales sobre la materia. Y es que los demógrafos tienen de qué preocuparse. Según sus estimaciones, en 2050 la población japonesa pasará de 127 millones a 100 millones, y en 2100 pasará a 64 millones y, de seguir la tendencia, en unos pocos siglos más se extinguirá. En el banquillo de los acusados se encuentran los "bankons" (matrimonios tardíos), el aumento espectacular de la soltería y el constante descenso desde 1990 de la procreación en las parejas casadas, afirmó Tetsuo Yoshioka, director del departamento de natalidad del Ministerio de Sanidad. Según este funcionario, la edad del primer matrimonio pasó de 27 años en 1975 a 28,8 en 2000 para los hombres, y de 24,7 años a 27 años para las mujeres, al mismo tiempo que aumentaron considerablemente los solteros: entre 1975 y 2000, los hombres no casados de entre 25 y 29 años pasaron del 48,3% al 69,3%. Y esta tasa creció más del doble en el caso de las mujeres, pasando del 20,9% al 54% en el mismo periodo y en la misma franja de edad. "Desde la aprobación en 1985 de la ley sobre la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres frente a la ley de empleo, estas últimas tienen la posibilidad de trabajar y de ganarse la vida, lo que no las incita a casarse ni a tener niños", analiza Takayo Yamamoto, especialista en comportamientos y modos de vida. "Por otra parte, sus padres ya no las presionan a casarse a cualquier precio como era el caso tradicional cuando el matrimonio era considerado como el "hanamichi" (la vía real) para las chicas", precisó Yamamoto. De ahí se explica esta bajada del número de matrimonios, sobre todo en los dos últimos años.

MATRIMONIO E HIJOS


"En Japón, tener hijos y educarlos sin estar casado no se usa. Todavía eso está muy mal visto. El matrimonio es una condición previa indispensable para estar integrado en la sociedad como padres", subrayó un funcionario de sanidad.
Pero para Junko Sakai, editorialista y autora del best-seller 'Disminución de la natalidad' (2003), la bajada brutal de la natalidad es el reflejo de la individualización creciente de la sociedad japonesa. "Las mujeres se hicieron más individualistas y los hombres se niegan a sacrificar su libertad a cambio del matrimonio y de la paternidad", asegura la autora, que subraya "la angustia a la que están confrontados los japoneses" en la actualidad. "Sin modelo de referencia, ellas están perdidas y les cuesta ubicarse como madres. Japón es uno de los raros países donde el hecho de educar a los niños es percibido más como una carga que como un placer", lamenta la periodista. "Las mujeres razonan demasiado en lugar de dejar hablar a sus instintos", opina Yamamoto.

MEDIDAS GUBERNAMENTALES


Frente a la catástrofe, el Gobierno adoptó en 2003 una ley llamada "ayuda al desarrollo de las nuevas generaciones" con el fin de "dar de nuevo ganas de tener niños" y "favorecer la emancipación de los jóvenes". Esta nueva legislación conllevará la puesta en marcha de unas treinta medidas que buscan impulsar "la solidaridad, la educación de los niños, insistir sobre el papel crucial de la familia y permitir a las mujeres conciliar el trabajo y la vida familiar". "Deseamos crear un ambiente propicio. Es necesario que los padres estén orgullosos de educar hijos", indicó el Ministerio de Sanidad. Pero para ello es necesario que "las mujeres tengan ganas de tener hijos con hombres cada vez más femeninos", ironizó Sakai refiriéndose a las nuevas tendencias de la sociedad japonesa, especialmente en la publicidad.

III

El caso de España 2


España es el segundo país, tras Japón, donde viven más personas mayores de 100 años. La cifra ha aumentado más del 50 por ciento en la última década. Los expertos apuntan a la "tarjeta genética individual" como origen de la longevidad. Albert Hoffman, el descubridor del éxtasis, acaba de cumplir un siglo de vida; Leni Riefenstahl, directora de cine alemana, estrenó su última película a los 100 años; el boxeador Max Schmeling murió a los 99 años; el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer cumplirá 100 años en 2007 y continúa trabajando. Todos tienen en común su longevidad, pero también que permanecieron o permanecen activos hasta una edad a la que casi nadie sueña con llegar y, si lo hacen, dependen por completo de otras personas. Con estos ejemplos, los investigadores se plantean si vivir 100 años es sólo cuestión de hábitos de vida y herencia. Los expertos no se ponen de acuerdo. Sólo tienen claro que es casi imposible que un ser humano viva más de 120 años, que el número de centenarios ha crecido de forma exponencial en pocos años y que esta tendencia continuará. "Hace cuatro días, encontrar un centenario era excepcional; ahora es frecuente. La esperanza de vida se ha duplicado desde principios del siglo XX. En España hay miles de personas de más de 100 años, y habrá más, pero no hay una vara mágica para que alguien alcance esta edad". Es la visión de José Manuel Rivera Casado, jefe de Geriatría del Hospital Clínico de Madrid.


Los expertos no saben a ciencia cierta cuántos españoles tienen más de 100 años. El psiquiatra Jesús Fraiz es autor de varios trabajos sobre los centenarios y los "supercentenarios", que es como llaman los especialistas a las personas que superan los 108 años. La mayoría de sus investigaciones las ha llevado a cabo en Galicia, donde reside, y ha comprobado cómo ha aumentado la longevidad en España. "En nuestro país hay un cincuenta por ciento más de personas con más de cien años que hace una década", asegura. De acuerdo con sus datos, España es el segundo país en número de centenarios tras Japón, que además goza de la esperanza de vida más alta del mundo (81,5 años). En España, la esperanza de vida media es de 79,2 años, de acuerdo con el Informe sobre el Desarrollo Humano de 2004, publicado por la ONU. Isidoro Ruipérez, presidente de la Sociedad Española de Geriatría, calcula que, en la actualidad, hay alrededor de 2.000 centenarios españoles, un colectivo que "ha crecido de forma exponencial en pocos años". Como rasgos comunes de esta población excepcionalmente longeva señala que "hay más mujeres que hombres, suelen tener una herencia genética relacionada con la longevidad y no han abusado de la comida ni de los tóxicos, como el tabaco". También apunta algunas características generales de los centenarios: hay más en ambientes rurales que en los urbanos y suelen llevar una dieta hipocalórica. Además, la mayoría "no ha sufrido enfermedades graves". En este sentido, Fraiz asegura que, "de acuerdo con los últimos estudios, a partir de cierta edad, noventa y tantos, hay una especie de parada: la demencia no avanza y, enfermedades como el cáncer, se vuelven menos agresivas. Por eso, si se llega a esa edad "es fácil que la persona siga cinco o diez años sin cambios metabólicos ni enfermedades". Lo que no queda claro, tampoco para los expertos, es si estas conductas y la ausencia de patologías son suficientes para llegar a viejo. De sus investigaciones, Fraiz saca la conclusión de que los centenarios "son personas individuales, que no tienen por qué tener antecedentes familiares. La genética individual influye incluso más que la herencia y el estilo de vida". Esta es la causa, a su juicio, de que se hayan dado casos de personas que superan los 100 años que han tenido que sobrevivir "a situaciones extremas, como la guerra y el subdesarrollo".
Activos hasta el final. Pero sí ha encontrado dos características comunes a casi todos los mayores de 100 años: "Son gente que ha prolongado al máximo su actividad profesional" y "están muy unidos a la familia".


En este sentido, Ruipérez señala que "a esa edad, para vivir lo mejor posible, además de tener cubiertas las necesidades, es muy positivo que vivan en el ámbito familiar. Aunque no sufra ninguna dolencia grave, un centenario sufrirá, casi seguro, problemas de audición o de vista". Fraiz coincide con esta apreciación. "Lo único importante, a esa edad, es tener ilusión. Ilusión por los nietos, por una afición. Y, sobre todo, saber enfrentarse a la adversidad", asegura. A su juicio, "Una persona con más de 100 años ha tenido que enfrentarse a la muerte de amigos, cónyuges y, muy a menudo, de hijos. Y uno de los rasgos que tienen en común los centenarios es que toman estas desgracias con resignación".

IV


Repercusiones económicas 3

En el editorial del informe publicado por el Banco Central Europeo [BCE] señaló la existencia de riesgos económicos debido al envejecimiento de la población e "hizo hincapié en la acuciante necesidad de llevar a cabo reformas estructurales que contribuyan a hacer frente a la incidencia negativa del envejecimiento de la población".
"El artículo examina las posibles consecuencias económicas y las implicaciones para la política monetaria de la tendencia demográfica proyectada para la zona del euro", según el BCE.


En una tabla estadística, con cálculos de la oficina de estadística comunitaria Eurostat y de las Naciones Unidas, el BCE señaló que en España la población en edad de trabajar decrecerá un 21 por ciento entre 2004 y 2050. Éste es el segundo nivel más bajo de los países de la zona euro, por detrás de Italia, que tiene un 24 por ciento. El crecimiento de la población de la zona euro en este mismo periodo de tiempo será del 0 por ciento. A su vez, la población en edad de trabajar bajará un 21 por ciento desde 2004 hasta 2050 en España y un 16 por ciento en la zona euro. La población con más de 65 años incrementará un 111 por ciento en España y un 75 por ciento en los doce países que comparten el euro.


La situación en los EUA


Sin embargo, las proyecciones poblacionales para EEUU son diferentes a las de la zona euro con un crecimiento de la población del 34 por ciento entre 2004 y 2050, ya que, según los pronósticos del BCE, la tasa de fertilidad en este país será con un 1,9 por ciento significativamente mayor que la del área euro, donde se mantendrá en 1,5 hijos por mujer. Para EEUU el banco europeo prevé una subida de la población en edad de trabajar del 24 por ciento y de la población mayor de 65 años del 124 por ciento.
Con el fin de compensar el envejecimiento de la población general y en edad de trabajar y lograr mantener el actual nivel de crecimiento del área euro, según el BCE, será necesario incrementar los actuales niveles de productividad laboral. "Es difícil cuantificar el impacto potencial del cambio demográfico en los mercados de trabajo y en el crecimiento económico", dijo el BCE. Añadió que "desde una perspectiva de cálculos, el crecimiento per cápita del Producto Interior Bruto (PIB) Real puede verse como el resultado de los aumentos en la productividad laboral, la utilización laboral y factores demográficos". Los escenarios económicos barajados por el BCE muestran la necesidad de aumentar la productividad laboral para compensar el descenso de la población en edad de trabajar y lograr mantener el actual crecimiento del PIB Real per cápita. Además, el BCE considera que el número de inmigrantes seguirá aumentando en el periodo de tiempo analizado tanto en la zona del euro como en EEUU aunque a un ritmo más lento.


V


La situación en América Latina


Un estudio realizado por expertos de CEPAL y el CELADE (Centro Latinoamericano de Demografía, con sede en Santiago de Chile), sintetiza la situación en estos términos 4:
El envejecimiento es un proceso que se desarrolla gradualmente entre los individuos y en el colectivo demográfico. Las personas envejecen a medida que en su tránsito por las diversas etapas del ciclo de vida ganan en años; una población envejece cada vez que las cohortes de edades mayores aumentan su ponderación dentro del conjunto. No obstante sus diferencias específicas ¾que hacen irreversible el proceso en el caso individual y no en el de la población¾ ambas expresiones del envejecimiento comparten la referencia a la edad. Entre las personas, y más allá de consideraciones biológicas, el envejecimiento trae consigo un complejo de cambios asociados a la edad, que atañen a la percepción que las personas tienen de sí mismas, a la valoración que los demás les asignan y al papel que desempeñan en su comunidad. Desde el ámbito demográfico, el envejecimiento implica que la proporción de individuos que experimentan aquellos cambios tiende a aumentar en desmedro de la importancia relativa de los demás grupos, cuyo distingo se establece de acuerdo con la edad.

Si bien la edad parece ser el criterio más apropiado para delimitar el envejecimiento, la determinación de un valor numérico preciso estará siempre sujeta a arbitrariedades. Como apunta Bobbio (1997, p. 24), el umbral de la vejez se ha retrasado a lo largo de la historia: "Quienes escribieron sobre la vejez, empezando por Cicerón, rondaban los sesenta ... Hoy, en cambio, la vejez, no burocrática sino fisiológica, comienza cuando cada uno se aproxima a los ochenta..." Solari (1987) sostenía que la edad de la vejez, autopercibida o socialmente asignada, ha venido aumentando. Además de su mutabilidad histórica, la edad conoce múltiples significados, y muchos de ellos aluden más la calidad que a la cantidad de años vividos. Desde luego, existe una edad biológica, mediatizada por factores ambientales y rasgos genéticos individuales, que regula los parámetros básicos de la vida; su incidencia se ve afectada, al menos en parte, por una edad psicológica o subjetiva, que remite a la capacidad de aceptarse a sí mismo y de ajustarse a sus entornos. Hay también una edad social, que refleja los efectos tanto de las normas que rigen los comportamientos de los individuos -la edad "burocrática" mencionada por Bobbio o la "asignada", según Solari- como de los factores estructurales referidos a sus posibilidades de inserción y participación en las esferas sociales; los alcances de esta edad social dependen, a su vez, de la cultura dominante (Laslett, 1996) y de la posición socioeconómica de las personas.
El término del siglo XX es acompañado de un asomo más definido del envejecimiento en varios países en los que la transición demográfica se encuentra en un estado avanzado, pues la declinación de la fecundidad comienza a operar como un decidido remodelador de la estructura por edades, lo que agudiza su contraste con el grupo de transición incipiente. En el año 2000 la proporción de adultos mayores se ubica por encima del 10% en nueve países: Antillas Neerlandesas, Argentina, Barbados, Chile, Cuba, Guadalupe, Martinica, Puerto Rico y Uruguay; en este último país esa proporción llega al 17%, cifra similar a la del promedio que registraban los países de mayor desarrollo en 1990, pero el grupo menor de 15 años muestra un persistente rasgo bastante más juvenil en la base de la pirámide. Fuera del conjunto de transición avanzada, Brasil, Panamá y Surinam aumentaban su porcentaje de adultos mayores de manera importante.

Ya entrado el siglo XXI el panorama regional experimentará un giro. En el año 2025, las altas tasas de natalidad de los decenios recientes en los países de transición incipiente y moderada todavía seguirán frenando el avance del envejecimiento. Pero en las otras dos categorías (en plena transición y avanzada) todos sus integrantes habrán cruzado el umbral del 10% de población adulta mayor; así, a los que ya lo habían hecho el año 2000 se añadirán Bahamas, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guyana, Jamaica, México, Panamá, Perú, República Dominicana, Surinam y Venezuela. También se agregará El Salvador. Además, en seis países del Caribe aquella proporción será mayor que la de los menores de 15 años y Barbados y Cuba (con más de 24% de personas de 60 y más años) tendrán estructuras etarias parecidas a las proyectadas para el promedio de los países más desarrollados en 2020.

Al cabo del período de proyección (es decir, en el año 2050) la situación del envejecimiento demográfico de América Latina llegará a un estadio relativamente avanzado, con una proporción media de adultos mayores de casi 23% y una de menores de 15 de sólo 20%. A pesar de haber quedado disminuido por tasas negativas o nulas de crecimiento, el grupo de jóvenes continuará siendo un tramo más amplio que en los países más desarrollados en 1995. Una de las novedades del año 2050 será que las personas de 60 y más años representarán más del 15% de la población en todos los países. En Barbados y Cuba, los dos países de más profundo envejecimiento, la población de edad mayor más que duplicará a la de menos de 15 años.

Por último, en el texto se mencionan algunas características sociodemográficas de los adultos mayores. El envejecimiento demográfico no sólo afecta a la población como un todo ¾lo que es la base de su definición¾ sino que también se manifiesta entre el mismo conjunto de adultos mayores, y así lo muestra el ascenso sostenido de la proporción que tiene 75 y más años de edad. Otra característica del envejecimiento, asociada a las diferencias de mortalidad, es su marcado y persistente signo de género, con un predominio numérico de mujeres, que es especialmente notorio entre el segmento de mayor edad. A raíz de los mecanismos de cambio de la distribución espacial de la población, las estructuras etarias urbanas y rurales difieren; aunque el envejecimiento se registrará en ambos conjuntos, los adultos mayores están más concentrados en el medio urbano que el resto de la población. Una proporción relativamente alta, fluctuante entre los países, de los adultos mayores continúa participando en la actividad económica. Todos estos rasgos de la población de 60 y más años deben ser considerados en la evaluación de los significados del envejecimiento.


VI


Sería bueno que, tomando en cuenta estos elementos, comenzáramos a pensar cómo nos afectará en el mediano y largo plazo esta situación, cuando es evidente que durante demasiados años vivimos en el pasado siendo cortoplacistas, sin atender adecuadamente estas realidades que no deberían tomarnos desprevenidos. Desde el punto de vista social, económico y profesional.

Dr. Antonio L. Turnes

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