La Junta Departamental de Florida
homenajeó al Dr. Hugo Dibarboure Icasuriaga
El viernes 21 de mayo, por iniciativa del edil Carlos Martínez Latorraca la Junta Departamental de Florida hizo un justiciero y emotivo homenaje en sus 80 años de vida a nuestro estimado médico y amigo Dr. Hugo Dibarboure Icasuriaga, como reconocimiento a sus muchos años de servicio a la comunidad del Departamento, y en especial, a su querida y recordada Capilla del Sauce.
Diferentes facetas de su rica personalidad, así como variadas anécdotas de su multifacética actividades profesionales en el Uruguay y en el exterior durante su forzado exilio, fueron narradas por el edil proponente.
De ellas subrayaremos algunas y aportaremos otras, sumando al homenaje del Deliberativo Comunal de Florida, el humilde homenaje de esta publicación que ha contado en más de una oportunidad con sus aportes.
Nació en Florida, hijo de una maestra
floridense y de un farmacéutico
Hugo Dibarboure Icasuriaga, hijo de una maestra floridense y de un farmacéutico que dedicaron su vida a sus respectivas profesiones, nació y vivió la mayor parte de su vida en Florida.
Luego de recibido, llegó por concurso a médico de la Policlínica y Sala de Capilla del Sauce, que fue mucho más conocida, en el país y el mundo, gracias a sus memorables acciones.
Ejemplo de compromiso ético y humano
Allí se instaló recién graduado, junto a la famlia que formó. A esa población dedicó su pasión por la Medicina, con un alto compromiso ético y humano. Tenía una sólida formación, como docente, y como Practicante Interno, siendo sin duda de los mejores de su generación. Pero el amor que tenía por su profesión, amor que brindó con generosidad en los pobladores de la Capilla, hizo que le fueran devueltos por su gente en forma superlativa. De ellos hizo el eje de su vida.
Llevó a esa región del Uruguay profundo
los progresos de la medicina de la época
Realizó estudios epidemiológicos, verificó un registro certero y oportuno de cada una de las historias clínicas de todos los pacientes que asistió. Llevó hasta ese pueblo perdido en la inmensidad de la campaña y su zona de influencia, con todas las poblaciones cercanas y la población rural dispersa, los progresos de la Medicina de la época, segunda mitad de la década de 1960.
Llevó el progreso de la Medicina bien realizada, con las técnicas que estaban a su alcance. Con el apego a su comunidad. Luchando por conseguir mejores elementos para asistirla.
Atendió a pacientes con las
más diversas patologías
Nunca hizo asco a nada y atendió a pacientes con las más diversas patologías, dentro de los límites que su prudencia aconsejaba para asistir o trasladar.
Pero sobre todo fue un integrante calificado de esa comunidad a la que sirvió con tanto amor, ayudando a muchas mujeres a tener sus partos, a tratar fracturados, pacientes terminales, enfermos sociales. A conocer cada habitante de esa vasta región, con su historia clínica y con la otra historia, la que no se registra, pero se conoce y vale tanto o más para poder ayudar y aconsejar.
Fue, es, un auténtico Médico de Familia.
Fue un médico ejemplar. Con los años sus preocupaciones lo llevaron a conocer más en profundidad lo que era un Médico General, con mayúsculas, y a buscar en el mundo bibliografía y experiencias de lo que hacía un auténtico Médico de Familia, que eso era él, antes que se enunciara y pusiera de moda.
Al Dr. Hugo Dibarboure lo vemos como el modelo que el nuevo SNIS debe o debería tenerlo como referente tanto del Médico Rural como del Médico de Familia.
Hugo lo hizo, lo hace todo con modestia y se le recuerda y se le sigue viendo con alegría, animando desde las pencas cuadreras a los partidos de fútbol con sus inimitables sonrisas y sus ocurrentes picardías, desde los asados con cuero combinados con las más diversas cuestiones sociales, para ayudar a reunir fondos para la policlínica del MSP.
Ese médico rural, sapiente e inteligente, tenía como un debe venir a Montevideo a buscar elementos a la Proveeduría del MSP, que los tenía arrumbados a montones, y que allá eran útiles, pero que no llegaban si él no se movía.
Escribió para compartir experiencias y para
entusiasmar a sus colegas a ser médicos rurales
Hugo Dibarboure escribió artículos y libros relatando sus experiencias para que otros se entusiasmaran por ser médicos rurales, o para dar a conocer las anécdotas que recoge un médico de comunidad, a lo largo de su vida, cuando de veras siente que su deber es asistir a esa población, más allá de que sólo percibe un sueldo como funcionario público.
Su influencia en la Facultad de Medicina y
su Tratado con Juan Carlos Macedo
Por su vida consagrada, en el país y en el exterior por el exilio forzoso, a la Medicina General y Familiar, luego de haber contribuido a que la Facultad de Medicina reconociera que debía instalar un posgrado en esa materia, y de elaborar un Tratado ya legendario, con Juan Carlos Macedo, otro médico rural ilustre, también poeta, tempranamente desaparecido, y con quienes hicieron gran amistad, Hugo Dibarboure marcó una época.
Co-fundador de la Revista Médica del Uruguay en 1974
Un día salió de Capilla del Sauce a la que volvería siempre, y en el Sindicato Médico del Uruguay, en 1971, junto a Juan Carlos Macedo, a Barrett Díaz Pose y a Homero Bagnulo, fundaron la Revista Médica del Uruguay en 1974, publicación señera, portadora de las mejores tradiciones de la Medicina oriental, para representarnos dignamente en el país y en el mundo.
Lo recordamos en las Misiones Socio
Pedagógicas en la del 60
En la década del 60, siendo nosotros docentes en el Instituto Normal de Florida, tuvimos la oportunidad de un trato más directo con Hugo, con motivo de las Misiones Socio Pedagógicas que desarrollábamos con alumnos, colegas y otros técnicos en la zona de Montecoral y La Palma (antes en Las Chilcas, Chingolas, Ferrer), y allí todos conocimos con él muchas de las crudas realidades del medio rural profundo y pobre, más que pobre, empobrecidos por la explotación y el abandono, y aprendimos la existencia de patologías y vicios existentes en aquella época sólo en los lejanos y marginados rancheríos rurales.
Sus libros continúan siendo merecedores de
meticulosas lecturas de los jóvenes médicos.
Sus libros continúan siendo merecedores de la meticulosa lectura por los jóvenes médicos y médicas que se asoman a la profesión, porque constituyen la revelación de ese ángel que es necesario tener para galvanizar la relación con una comunidad, comprendiendo sus alegrías y sus dolores. Acompañándola en sus acontecimientos mejores y en los peores. Estando a su servicio, que esa es la misión esencial del médico, con respeto hacia los pacientes, haciendo el trabajo científico que esa comunidad con su asistencia continuada le brinda, y teniendo la capacidad literaria que él tiene para gozar y trasmitir esa experiencia de comunión con la gente.
En esta época de tanto reclamo e inconformidad con la atención de la salud, a veces por razones ajenas a los profesionales pero muchas veces debido a su propia falta de vocación o desgaste profesional, que un departamento entero le brinde un homenaje como este a un Médico Rural y de Familia a es por lo menos motivo para la reflexión.
Máxime cuando a ese homenaje asistieron - recorriendo el largo trayecto Capilla del Sauce – Florida - decena de vecinos de aquella zona que, en una sesión con particularidades participativas poco comunes, fueron actores de jugosas, risueñas y emotivas anécdotas.
Agradecemos al Dr. Antonio Turnes, los aportes que nos brindara para esta nota que aspira sólo a complementar las acertadas palabras del edil proponente de un homenaje unánimemente compartido por curules y público.
Prof. Elbio D. Álvarez