Dr. Antonio Turnes | Prof. Elbio Alvarez | Recorriendo la memoria
Entrevista al Dr. Carlos A. Gómez Haedo

Fue en una mañana del mes de mayo cuando nos encontramos con el Dr. Carlos Gómez Haedo en su solariega casa de Sayago.
Gómez Haedo, en amena charla, fue desgranando recuerdos de su memoria y de su vida como estudiante y docente. Como lo constatarán a continuación, en realidad fue el Dr. Turnes quien asumió la responsabilidad de esta nota, llevándolo su natural deferencia a mencionarnos como co-autores de la misma. Prof. Elbio D. Álvarez
JULIO C. GARCÍA OTERO
Fui discípulo de don Julio García Otero, y fui ayudante de clase de él. La primera formación en Semiología la tuve con don Fernando Herrera Ramos, de quien después fui Jefe de Clínica. Y además lo volví a encontrar a don Julio en el Consejo de la Facultad cuando yo fui Delegado Estudiantil. En el momento que yo entré al Consejo, él era el Delegado de los Profesores, allá por 1953, ya había sido Decano de 1939 a 1943. Cuando ingreso al Consejo estaba de Decano Mario Cassinoni, que al recibirme hizo un elogio mío, del curriculum y la actuación gremial; pero finalmente señaló que lo más importante era que ambos éramos oriundos de la misma ciudad de Mercedes. Yo era delegado indirecto, en la época que los estudiantes eran representados a través de egresados y no por estudiantes, como lo fue después de la Ley Orgánica de 1958. Pero volviendo a don Julio, yo hice el discurso en representación de los egresados en ocasión del gran homenaje que se le hizo, pero no apareció en ese libro porque el libro se hizo antes y el discurso fue sobre la fecha. Pero allí están las semblanzas que trazaron Juan Carlos del Campo del que era muy amigo y compañero de año; lo que dice Surraco y lo que escribió Mario Cassinoni, que era más joven que él, pero que siempre buscaba su consejo. Volviendo a él, fue uno de los clínicos más brillantes que conocí. Tuve la enorme suerte que me permitió estar en la Clínica de don JGO, como estudiante, en cuarto año, en una etapa en que la Clínica dejaba de ser, porque pasaba a otra época. Recibí el trabajo y la semiología de don FHR, y continué con él la época de la fundación de la Reumatología, de la que él fue fundador. Y trabajé en la Clínica de FHR, con gente que venía de la Clínica de Raúl Piaggio Blanco. De manera que tuve contacto con las tres grandes clínicas que hubo en ese tercio del siglo XX. La Clínica de Piaggio Blanco era una clínica proyectada hacia el futuro, más moderna, que introducía la citología, el laboratorio, el inicio de varias especialidades, como la cardiología y la gastroenterología. En el Hospital Pasteur lo hacía así y tuve por ejemplo el contacto con don Pedro Paseyro que era uno de los primeros citólogos del mundo. Don Pedro Paseyro entraba a la Clínica, íbamos con él, se sentaba al lado de los enfermos, hacía el interrogatorio y la palpación de los enfermos y luego le hacía la punción citológica de tiroides o de lo que hubiera que hacer. A continuación íbamos al laboratorio y veíamos con él los resultados de esa punción. Entonces el Laboratorio estaba mucho más cerca de la gente e integrado a la Clínica. Pero don JGO era una persona excepcional, inteligente de una capacidad de trabajo enorme. Él tenía como característica que no quería saber qué tenía el enfermo. En la clase enseñaba cómo debía hacerse el diagnóstico. Era un desarrollo de la Clínica en profundidad. En aquel entonces, la Anatomía Patológica empezaba a incorporarse. Pero don JGO no necesitaba verla. Claro, don Pedro Larghero estaba en Cirugía, enseñando los errores de la Clínica. Pero don JGO, que tenía una actitud muy prudente y escéptica de la terapéutica, enseñaba el diagnóstico y cómo hacerlo, sobre todo para los jóvenes estudiantes, que era fundamental. Sobre todo para nosotros, que no teníamos los recursos que tenían otros países. De manera que hubo una escuela que estuvo muy relacionada con la escuela europea y la francesa, pero que fue magistral lo de don JGO. Porque él era capaz de interrogar brevemente al enfermo, al mismo tiempo que escuchaba que le leían la historia. Y a veces estaba auscultando al enfermo, y pensaba uno como observador que no podía estar escuchando lo que le leían de la historia. Y el practicante que estaba o el Interno que la estaba leyendo se detenía, y él le decía, “¡Siga, siga!” mientras auscultaba algunas cosas le preguntaba. Tenía una gran capacidad de integrar ambas cosas, y seguramente vislumbraba el diagnóstico a través de lo que le decían y los hallazgos de su contacto. Tenía un diálogo con los estudiantes, con el Interno y hasta con el Jefe de Clínica. A veces hacía en ese diálogo algún chiste, y me decía que no lo hacía por mal, sino para hacer más amena la clase, sin querer ofender a nadie. Porque en algún momento podía alguien sentirse medio modesto. Y señalaba que había un patólogo que estuvo mucho tiempo allí y se enojaba por esos chistes, a veces. Pero don JGO comenzaba a las 7 de la mañana yendo al hospital Saint Bois, estaba las dos horas trabajando intensamente, y de allí venía al Maciel, donde pasaba brevemente visita y le preparaban la clase. De manera que viví toda esa etapa de la clínica a través de él. Aprendí semiología con don FHR, un excelente semiólogo, un excelente docente, que a veces dramatizaba un poco, para la gente que no lo conocía, para que la enseñanza entrara en la gente. Allí aprendí cosas que no en todos los lugares se enseñaba. No se enseñaban por ejemplo las enfermedades no bien definidas, como las difusas del tejido conectivo, las mesenquimopatías. Y don FHR integraba hasta las Comisiones Internacionales de clasificación de las enfermedades reumáticas. Enseñaba la semiología de las articulaciones, que nadie las enseñaba. Tampoco le gustaba a don JGO. Pero Herrera en eso era un artífice. Y después el concepto de Piaggio y de su Clínica, que continuó siendo luego de Herrera Ramos en la que me desenvolví como Jefe de Clínica. Y ahí estaban los cardiólogos como Jorge Dighiero, que luego pasó al Hospital de Clínicas, Carlos María Sanguinetti que jerarquizó el Laboratorio y Cándido Muñoz Monteavaro que hizo progresar la Gastroenterología. Y en cuanto a don JGO aprendí el sacrificio por la Universidad, el concepto del servicio de la docencia. No sólo realizó la docencia, sino que sustituyó a don Arturo Lussich, a quien sustituyó cuando don JGO era joven. Y ahí Lussich, por ejemplo, le daban licencia porque era miembro del Consejo Nacional de Administración. No digamos cuando se iba con Aparicio Saravia, que tampoco lo echaban de la Facultad sino que seguía, a diferencia de otras épocas. Y Lussich habla en el homenaje a JGO. El sacrificio por entregarse con una vocación de servicio muy importante, por la Universidad. Hombre muy inteligente, de mucha fe, pero que nunca hizo ostentación de sus creencias. Respetaba mucho las creencias de los demás. Una vez le hicieron un chiste, el que después fue el profesor Boutón (Jorge) era estudiante, y se presentó en primera fila a una conferencia que daba don JGO en la Asociación de Estudiantes Católicos. Y al verlo, don JGO le preguntó sorprendido: “¿Y Usted, qué hace acá?” Había ido para ver qué decía de la fe. Yo lo ví a JGO como delegado de los profesores, y después como Decano también, porque en algún momento estuvimos juntos cuando él era Decano, yo estaba en la Clínica. Y el hecho de que él contemplara, como lo dice muy bien del Campo, fue recibido su Decanato con mucha confianza por los que querían que no hubiera cambios, pero también fue recibido con beneplácito por los que querían los cambios, porque sabían que García Otero no los iba a impedir. Como diciendo que era una persona ideal para estar en el tránsito hacia una nueva Facultad. Él genera el Plan de Estudios de 1945 con el cual yo entro a Facultad. Y además genera el curso de la Escuela de Adscripción, que fue muy discutido, que pretendía integrar las materias básicas y la enseñanza experimental en la preparación del docente; que era fundamental y que yo lo empecé, pero no lo pude seguir porque era imposible. Era muy sacrificado, por que también había que trabajar. La realidad fue que muchos no pudimos seguirlo, pero después entramos en el concurso. Pero allí aprendí método científico. El otro aporte de JGO fue el tema del full time, que permitió que hubieran docentes de dedicación total. Otro de sus grandes aportes, sobre todo en las materias básicas, primero porque era lógico. A nivel de la Clínica era más difícil. Pero hubo una apertura con él a los cambios, no sólo los que proponía él, sino la vinculación con la delegación estudiantil, que a veces eran difíciles. Era un hombre que sabía escuchar y adoptar una posición de amplitud. No se puede olvidar, cuando me recibí, me preguntó a dónde iba a ejercer. Yo pensaba irme al interior, pero por hacer la carrera docente, me quedé en Montevideo y me establecí en Sayago, en esta casa. Y él me dijo: “A si va allí, no va a tener problema, porque en Sayago está el doctor Guerra Sánchez que fue Jefe de Clínica de Morelli…” conocía a todos los que estaban en la zona.
Se dice que tenía una gran clientela particular, y cobraba muy barata su consulta, por lo que los médicos fueron en cierta ocasión a pedirle que la subiera, porque les llevaba los pacientes. Efectivamente, tenía un desinterés por el dinero, yo diría que tenía un cierto desprecio por el dinero. No sé cómo habrá sido luego la situación de la familia. Pero yo recuerdo, porque nunca renuncié a ser discípulo de él, cuando se inauguró el Sanatorio Número 4 del CASMU, se le dio el nombre de “Dr. Julio García Otero” y hablé en nombre de los discípulos, porque era de los internistas que había sido discípulo de él y estaba ahí. Y no pude entrar a la Clínica de JGO, aunque me hizo vislumbrar otras cosas; porque en aquel concurso empaté con Adrián Fernández, porque él había hecho el concurso de Ayudante de Fisiología y me ganó en méritos por puntos, habiendo empatado en las pruebas. Ahí tuve que optar y lo hice por la Clínica de don FHR, que también comenzaba. Había sido hasta entonces profesor interino de Semiología. Y le cuento una anécdota. Don FHR había discutido el otorgamiento de una Clínica en el Hospital Pasteur que le correspondió a José Pedro Migliaro por resolución, por méritos en Salud Pública, y don FHR consiguió que lo designaran a él Encargado. Pero no lo hizo por él, sino por que estaba en el Pasteur, en otro lugar. Como Consejero lo critiqué en el Consejo. Cuando llego a su Clínica, que ya me conocía desde estudiante, me recibió muy amablemente y me dijo: “Mire Gómez Haedo: yo sé que Usted me criticó, y respeto su criterio. Pero yo no lo hice para apoderarme de nada. Lo hice por que la Facultad debe tener un lugar más en el Hospital Pasteur. Pero no se preocupe, que nunca voy a hacerle notar a Usted lo que Usted me dijo”. Era de una hidalguía enorme. Me conocía desde que era discípulo de él en García Otero.
Mario Arcos Pérez señaló a la muerte de Purriel, que había habido dos concursos para la Clínica. Un primer concurso donde compitieron Piaggio Blanco, Benigno Varela Fuentes, Purriel, Herrera Ramos, Franchi Padé y José Pedro Migliaro. Allí entró Piaggio Blanco, y Purriel salió tercero. Luego a Varela Fuentes le dan la cátedra de Gastroenterología. Y en un nuevo concurso, muy largo, que duró casi dos años, entró primero Purriel, y segundo Herrera Ramos. Pero luego muere Piaggio Blanco, en la caída del avión Presidente, en la Amazonia, y entonces interinamente le sucede Herrera Ramos, que luego queda como Profesor titular. Pero antes había sido interino como Profesor de Semiología. Y fue una enseñanza brillante por que organizó grupos de 10 o 12 personas, con un semiólogo, y él enseñaba la clase teórica.
Cuando pasa el tiempo, gana aquel pleito Migliaro, por el servicio, y entonces Herrera reúne en un Ateneo a todo el personal de su Clínica, y les dice: “Bueno, yo tuve este problema con el profesor Migliaro. El profesor Migliaro ha ganado, así que la razón la ha tenido él.” Entonces después Migliaro le entrega la sala a él. Pero tuvo ese gesto.
Trabajé primero con FHR en el Pasteur primero, y luego pasa al Hospital de Clínicas, donde ya estaba Purriel. Me integro en el Clínicas, de donde fui médico de guardia del Hospital de Clínicas.
Me acuerdo de haberlo visto actuar en las guardias que hacían junto a la doctora Dinorah Castiglioni, los lunes.
FERNANDO HERRERA RAMOS
Fue un patriarca de la Medicina, y trabajó hasta el último día. Cuando se va de profesor de Clínica, hace una reunión de homenaje él a la Universidad. No sólo se despide, sino que además hace un homenaje a la Universidad, que tanto contribuyó a su formación y crecimiento.
¿Es cierto que fue médico de Aristóteles Sócrates Onassis?
Es muy probable, porque viajaba tanto. Pero él tenía mucha vinculación internacional y viajaba mucho. Integraba una comisión de la OMS para estudio de Lupus a nivel internacional. Eran las comisiones de consenso de entonces.
Dicen que lo atendió porque tenía Miastenia Gravis, y él lo atendía, porque tenía parientes en Uruguay. Y como agradecimiento le daba sus pasajes gratis para viajar a cualquier parte en sus líneas aéreas. Fue además de los fundadores del Sanatorio Americano.
Era muy amigo de Abel Chifflet, también de Mercedes.
¡Cuántas personas grandes vinieron de Mercedes!
Cassinoni y Chifflet. Por eso dijo Cassinoni, cuando me presentó al Consejo, luego de leer el curriculum: “El otro mérito grande que tiene es que es de Mercedes”. Y me acuerdo de eso perfectamente. Y Crottogini era de Fray Bentos y viajaron juntos en el mismo tren. Los dos lo contaron por separado.
Pero yendo a Cassinoni, que como delegado estudiantil vota a don JGO como Profesor de Clínica, que sale por unanimidad. Eso demuestra cómo es posible hacer cosas, de acuerdo a la ideología, antes que estén las leyes. Cuando don Mario Cassinoni era Decano, antes de ser Rector, había dos delegados en el Consejo Central Universitario: un delegado era el Decano de la Facultad, y el otro delegado, nombraba Cassinoni al Delegado Estudiantil. García Austt fue delegado estudiantil, y luego fui yo, con lo cual introducía al delegado de los estudiantes antes que estuviera la Ley Orgánica que lo estatuyó. Y allí tuve el enorme placer de escuchar nada menos que a nuestro filósofo más importante, don Carlos Vaz Ferreira. Y me acuerdo que plantée por primera vez otorgarle el salón de actos de la Universidad, el Paraninfo, a la CNT, que entonces no era PIT-CNT, sino la Convención Nacional de Trabajadores. Y nuestro filósofo, Vaz Ferreira estaba en contra, y salió negativa la votación. Pero yo hice una fundamentación, diciendo que el Ministro de Salud de Gran Bretaña, que era Aneurin Bevan, que había introducido el Servicio Nacional de Salud en Inglaterra, viajaba a las universidades inglesas, siendo obrero. Y bien podía la CNT, siendo que tenía posiciones dignas, ser escuchada en ese ámbito.
LA REVISTA COMPENDIO
¿Cómo es su origen?
Surge por 1976, por que hubo una serie de estudiantes, comenzando por Gonzalo Aiello, que en estos días se dio su nombre a una Jornada de la Asociación de Docentes de la Universidad de la República (ADUR) en su homenaje, allí estuve, y habló Ariel Rodríguez Quereilhac. Aiello, que a su vez tuvo un hermano preso, Vivó, Elbio Paolillo, y una chica Luz Marina Pereira, se reúnen y querían hacer una revista. Y me hablaron a mí para que dirigiera la Revista y propusiera las personas que iban a estar. De común acuerdo hablamos de Juan Carlos Macedo, que se recibía en ese momento, que había estado conmigo como Interno en el Hospital Maciel, en la clínica que después fue de Oehninger. Por entonces yo era Profesor Agregado, y en 1975 renuncié por las presiones de la Dictadura. Se resuelve realizar la fundación de la revista “Compendio”. Y por estar en plena dictadura, tengo acá varios editoriales de la Revista, y entonces invitábamos a escribir a Crottogini y a varios profesores de la Universidad, sobre la Medicina, sobre la Ética, en cantidad de números, siempre con artículos que en realidad no tenían nada que ver con el régimen. Y tratábamos de escribirlo lo más independientemente. Yo me enteré cuando Omar Etorena salió de Prisión, que a la revista “Compendio” la leían médicos en el Penal de Libertad. Y allí durante un tiempo entró la revista, hasta que alguien se empezó a dar cuenta de cómo eran los artículos y después la cortaron. Pero teníamos una cantidad de suscriptores en el interior. Estaba Modernell como tesorero, que era contador. Allí colaboraban Ariel Rodríguez, Juan Carlos Macedo, José Pedro Cirillo, Roberto Avellanal, la doctora Paulette, una cantidad de personas vinculadas. Y comenzamos también a hacer otra cosa. Salíamos al Interior, y fuimos a San José, Durazno, Mercedes, a Rocha, a Maldonado, y tratábamos temas médicos y otros que mantenían el espíritu de la Universidad, dentro de los marcos de la medicina. [Allí acerca los editoriales: La Universidad, reflexiones acerca de sus objetivos. El movimiento estudiantil médico gremial universitario uruguayo. Pensamiento y acción. La Salud no es ni fue prioridad.] Esto ya era una crítica. Y la revista siguió saliendo hasta el 2007 aproximadamente. Yo me sorprendí de ese hecho. “La calidad de la atención médica, un desafío y muchos interrogantes”. “De los planes de salud a la distribución del ingreso médico”. Después ya eran otras épocas. “La designación de Crottogini como doctor Honoris Causa, un acto de justicia”. “Carta a los colegas que componen Compendio”. “Educación Médica Continua”. Y aquí está un artículo de la proclama de los Estudiantes de Medicina cuando el asunto del Hospital de Clínicas. “Otra luz en la oscuridad: el gremio médico reflexiona sobre cómo salir de la crisis con los cambios”. Pero esto ya es parte o sigue saliendo recuperada la Democracia. El tema es que “Compendio” fue como una llamita. Y eso lo recordó Ariel Rodríguez los otros días, en la Convención de ADUR. A veces uno no se da cuenta de la importancia que tiene.
La colección de “Compendio” está en el Sindicato. Pero nosotros teníamos la colección de editoriales. La mayor parte eran artículos traducidos, que se referían a las novedades confirmadas que había en Medicina, en Neumología, Cardiología. Intervenían muchos de cada disciplina además de los internistas. Nosotros mismos lo traducíamos. El mismo Macedo y Tito Pais trabajaban y traducían. Ellos estuvieron también en el Consejo Editorial. Después cuando Macedo elige su destino, que hubiera sido otro si no hubiera habido Dictadura, se fue a radicar a Migues, pequeña localidad del Este de Canelones. Y allí se hacen ateneos de todo el grupo de Compendio, que viaja para examinar temas de medicina general, de epidemiología, insertado en la comunidad. Y además hace ateneos artísticos, invitando artistas, poetas, escritores, pintores. Y sale en un volumen de la UNESCO como uno de los poetas uruguayos más señalados del siglo XX.
¿Y cómo surgen las reuniones de los lunes, en su casa?
Nosotros mantuvimos durante la Dictadura, la reunión de los que no fuimos defenestrados, los del inxhilio, que no fuimos presos. Yo le decía a José Pedro Cirillo: “Vos estás libre porque tenés dos hermanos militares”. Porque seguramente muchos estábamos libres por que no nos podían probar mucha cosa. Era del Frente, pero había actuado desde el comienzo. En Sayago hubo un comité de base que fue el primero de Montevideo. Aquí se hizo un acto antes de constituirse el FA, con todos los vecinos, donde hablaron 20 personas, en el Cine Hollywood, con una asistencia de 500 personas. Y habíamos un grupo de vecinos, donde fui invitado, que nos integramos, y se hace el Comité de Base en la casa de Cucho Meléndez, descendiente de uno de los Treinta y Tres Orientales. Y lo llevaron preso un mes, nada más, porque lo único de lo que podían acusarlo era de que estaban reunidos en esa casa los de izquierda. Hasta eso, ya lo había vivido. Pero fue una etapa muy dura.
Las reuniones de los lunes fueron como un ritual, un culto. Llegaba gente del exterior, por ejemplo, llegó Atilio Morquio y lo recibíamos en las reuniones de los lunes. Venía Roberto Avellanal, que luego fue Presidente del SMU en 1985. Omar Etorena, cuando salió del Penal, no se animaba a salir; le molestaban hasta los ruidos, y yo no sabía cómo era el asunto. Entonces, se casaba mi hija, y le hablé a Carlitos Briozzo, que había salido también, y él lo trajo. Y se armó una reunión aquí en el fondo, con muchos meses, y todo el mundo lo vino a saludar a Etorena; gente que eran blancos y colorados, lo vinieron a saludar, demostrando que el Uruguay no admitía la separación que había hecho la Dictadura. El único que no se animó a saludar fue un médico militar que vino al casamiento, Suzacq, que no se animó, pero estoy seguro de que en el fondo hubiera querido.
Esas reuniones se hicieron durante mucho tiempo, y se siguen haciendo. Lo que pasa es que han desaparecido una cantidad de viejos. Somos ya jubilados. Nos reunimos ahora en lo de Juancito Oliver Muñoz, en la calle Sarmiento. Allí hablamos de la Universidad, de Política, y de Medicina. Se siguen llevando artículos de Medicina. Yo selecciono artículos, y algunos otros hacen lo mismo. Federico Gilardoni, que tiene casi 90 años, que está muy bien. Ariel Rodríguez, la doctora Paulette. Fueron desapareciendo Etorena, Cirillo, Avellanal…
LA ETICA EN LA PRÁCTICA DE HOY
Usted trabajó mucho en la Ética mucho antes de la Bioética. Fue un militante de la Ética en la Clínica. Recuerdo las posturas suyas en las Asambleas, contrarias a que los médicos realizaran paros o huelgas. Que eso era algo sagrado que los médicos debían administrarla con mucha prudencia, lo que nunca fue bien comprendido. Pero la Ética Médica tuvo cambios fundamentales y está mucho más incorporada a la Clínica. Tal vez no está incorporada del todo bien, y eso es causa de muchos problemas. ¿Cómo ve Usted la relación de la Ética con la Clínica, con el desempeño cotidiano?
Creo que se necesita una profunda reflexión, de los médicos y de la Sociedad. Ha habido cambios muy profundos, que lo dejan a uno pensativo. Cuando se ve la profundidad de los cambios, empezando por los cambios de los paradigmas de la Medicina, que la gente no lo entiende. Ya no es la Medicina científico – biologicista. Es el paradigma de la Medicina Social, y el que no entiende eso, no entiende lo que está pasando. Ya no es más el médico el centro, sino el equipo de salud, en relación con el paciente, la familia, la comunidad entera. De manera que el paradigma cambió. Pero ha habido unos cambios tremendos. Hubo una revolución de los cambios en la terapéutica. Después unos cambios biologicistas por los cambios en la genética, los genes, el ADN, la fertilización asistida e in vitro. Los cambios tecnológicos de la imagenología, de los aportes. Los otros días, preocupados por que se hablaba de creación de vida, que en realidad no es así. Es introducción de cambios en la vida. Porque este científico Werther, que logró el desarrollo junto con Watson, que introduciendo cambios en los genes, en el núcleo de la célula del Micoplasma, realiza cambios en una célula viva. Sale un artículo simultáneo, nada menos que en Le Monde Diplomatique, donde dice que el mismo autor Werther comienza a sacar patentes para meterlo en la industria. Es el capitalismo metido en la investigación. Alguien habla de moratoria, y libertad a los científicos para actuar y meterlo en la industria.
Esos cambios impactaron tanto, los tecnológicos múltiples, que no están de acuerdo con el cambio de marco social. Entre los médicos que no entienden esto y la sociedad que tampoco entiende, por que no hay interés de que entienda, porque hay una concepción filosófica.
Y en el Uruguay, ¿en qué estamos? Se creó el Sistema Nacional Integrado de Salud. Pero por qué hubo cambios? Barrett Díaz dijo que tenemos que utilizar dentro del gremio médico el mismo término que luego va ser tomado por la reforma. Surge de las reuniones de Solís, de las Convenciones Médicas. Hay una unidad de pensamiento. No es que lo inventaron afuera y lo quisieron meter adentro. Lo inventamos todos. Por que el FA, como tenían los otros Partidos, tenían inquietudes de reforma, aunque después se fueron debilitando más por el neoliberalismo. Pero cuando volvimos a la Democracia, primer Gobierno del Dr. Julio Ma. Sanguinetti, el ministro blanco, el Dr. Raúl Ugarte Artola, presentó un proyecto de Seguro de Salud. En el año 1947, Ricardo Yannicelli presenta un proyecto de Seguro de Salud, en el cual el primero de los artículos hablaba del seguro de alimentación. Para que el médico pudiera recetar alimentos. ¡Qué concepto de un batllista! De un batllista de aquella época. El tema es por qué se cambió de un sistema que iba a ser de un tipo público, servicio público, por un sistema mixto, integrando el sector público con el privado. Por que muchos empezamos a ver que el neoliberalismo no había entrado en el Uruguay en la Medicina. Había sesgado la Medicina, pero no había entrado. Porque estaba el Mutualismo que empezó en 1853 con la Asociación Española, luego la Fraternal, la Fraternidad, la Francesa, etc., etc., que eran de obreros e inmigrantes. Y estaban las cooperativas médicas que levantaron el panorama técnico científico y la dignidad de los profesionales. Que no permitieron que derivara en un negocio. Entonces, tanto el mutualismo como las cooperativas médicas en el Uruguay hicieron un “escudo” e impidieron que se privatizara la Medicina como lo fue en Brasil, en la Argentina, donde compraron las obras Sociales, como Exxon que compró servicios de emergencia, etc., en Chile, donde empezaron las Isapres que “descremaron” a los afiliados, la clientela que tenían. Yo recuerdo que iba a reuniones en el MSP, y los contadores hablaban de “clientes” y me rechinaba que se hablara de “clientes” a los pacientes que iban a Salud Pública o a las mutualistas. Entonces en Uruguay se impidió porque estaba el Mutualismo y las Cooperativas Médicas. Y las Cooperativas Médicas tuvieron origen en el pensamiento de izquierda, surgiendo desde el CASMU, una concepción de integración. Cuando me hablan de profesionalismo, ese de demostró con Carlos María Fosalba. Y ahí estaban los socialistas con José Pedro Cardoso, los batllistas con Ricardo Yannicelli, los blancos de izquierda que estaban con Abel Chifflet. Todos apoyaban un cambio. Entonces, el tema era que nosotros cambiamos dentro del Frente la concepción. Dijimos: “Vamos a hacerlo a la uruguaya”. Vamos a tener que hacer un sistema integrado lo público y privado sin fines de lucro, cambiando el concepto. Pero además no se ha entendido que esto tiene una nueva filosofía.
En el año 2005, Tabaré Vázquez se acuerda y manda un proyecto que recoge un proyecto que retoma el pensamiento que nosotros teníamos, que es sobre la Bioética y la Calidad integral de la atención médica. Por lo cual no puede existir una concepción de la calidad que no incluya la Bioética, el plano Bioético, el plano psicológico-afectivo-humano, y el científico técnico. Basado en el concepto de Pedro Laín Entralgo, de lo que es la relación equipo de salud – paciente – familia – comunidad. Entonces el tema ahora se crea por decreto la Comisión que presidimos. En Uruguay hubo dos intentos de creación de Comisión Nacional de Bioética, que se necesita. Uno fue en el Parlamento tomado por los Blancos, en 1992. Luego hay otro por los Colorados en 1995. Ninguno de ellos es aprobado. La única Comisión Nacional de Bioética que existe, es la que estamos nosotros. Aún no salió por Ley, sólo es por Decreto, pero es un comienzo, porque en esta Legislatura hubo muchas leyes sobre la Salud, y una más podría causar más confusión. Hace cinco años que venimos trabajando. Lo que le planteamos al nuevo Ministro, es que no puede haber un SNIS sin una filosofía, y la filosofía tiene que partir de ahí, de la Bioética.
¿Por qué los intentos de introducir la Ética como una asignatura, han fracasado? La Ética no se enseña con una pizarra.
Ahí hay una concepción, de la que puedo hablar por que he seguido el desarrollo. El término “Bioética” lo crea Van Rensselaer Potter, un investigador científico, que se empieza a dar cuenta de que gran parte de lo que hace en Oncología, puede ir para cualquier cosa. Su esfuerzo de toda la vida puede quedar sin tener un destino, sin llegar a la gente. Empieza a meditar y concibe la Bioética como una relación entre la Filosofía y la Medicina y Ciencias de la Salud. Pero se da cuenta de que hay que profundizar, y habla de la Bioética profunda. Pero también de que está en todas las ramas, y habla de la Bioética global. Entonces comienza a observar que no puede haber países super-ricos y otros super-pobres. No puede ser que haya progreso de la Agricultura que da para alimentar al mundo, y se especule con los alimentos. Comienza a observar y criticar lo que se está haciendo en distintas disciplinas, que es como llevarle la carga al Capitalismo. Entonces coincide eso con la aparición de atrocidades en la investigación médica. Y pasa a reducirse lo que es la Bioética, y hay una definición de W. T. Reich, que dice que la Bioética es el estudio sistemático de las ciencias de la vida y de la salud, realizadas con un enfoque desde el mundo de los principios y los valores. La reducen al mundo de la salud. Pero yo me pregunto ¿cuando hemos creado casi 50% de niños pobres? ¿Dónde hemos creado una sociedad que ha generado asentamientos? ¿Dónde está la Bioética? Entonces lo de Potter quedó reducido a las ciencias de la vida y de la salud, aunque luego se fueron incorporando elementos del medio ambiente. No digo que no haya sido un progreso. Pero Potter aspiraba a más. De cualquier manera, en Latinoamérica se insistió mucho en relacionarla con los Derechos Humanos, justamente por esto que digo, por las diferencias sociales. Y ese es el enfoque latino-americano de la Bioética.
LA COLEGIACIÓN Y SU FUTURO
¿Qué opina de la Colegiación Médica en esta etapa que se empieza a recorrer ahora?
Creo que en realidad la colegiación médica está muy vinculada justamente a lo que dijimos, a lograr un entendimiento entre los médicos. De la Deontología que son los Deberes, y de la Diceología, que son los Derechos. Creo que se han menoscabado mucho los derechos de los médicos, porque la Sociedad ha reaccionado, y los medios de comunicación han contribuido, pero hemos contribuido mucho los médicos. Si yo tomo, por ejemplo, lo que han hecho algunas especialidades, poner la especialidad por encima, considerar, por ejemplo, los oftalmólogos. Yo no puedo admitir que haya gente que no se opera por que no me pagan. En un mundo donde el paradigma es la Medicina Social. Estamos atrasados, desubicados, desnorteados. ¿Cuánto contribuimos los médicos a una reacción de la gente? Sumado a lo que es una sociedad violenta, que hay toda una teoría de la violencia que ahora es multicausal. Pero es una sociedad violenta. Y que además vende, aumenta el rating si aparece un escándalo alrededor de un acto médico.
Creo que la Colegiación tiene elementos positivos. Porque primero, obliga a tener un Código de Ética adaptado y actualizado y compartido por todos. El tema es cómo se va a ejercer la Colegiación. Hasta qué punto los centros de poder que están fuera de la Medicina y que la influyen, se van a detener. Ese es el gran desafío. El mismo que cuando hablamos de la Democracia. Para algunos la Democracia es tener simplemente elecciones. Para otros, entre los que me encuentro, no es sólo eso.
Agradecemos mucho este rato de excursión por tantos temas, que es toda la vida.
[Luego hablamos del retrato de Juan Carlos Gómez, un antepasado, político colorado, que estuvo en la concepción doctrinaria del liberalismo político, no del liberalismo político de ahora, supo ser contrario a la Guerra de la Triple Alianza, siendo colorado. Supo ser contrario a Venancio Flores. Supo ver el fenómeno artiguista, por que los tenían engatusados en aquella época. Hablaban de la anarquía en los tiempos de Artigas, de la leyenda negra. Pero de cualquier manera supo plantarse ante Flores. Él fue tío de mi abuelo, tío-abuelo de mi padre y tío-bisabuelo mío. Lo que admiro es su sentido de independencia. Y ahí les cuento rápidamente un episodio en la historia uruguaya que cambió para peor. Después de la Guerra Grande, se formó un Triunvirato constituido por Lavalleja, Rivera, que estaba en Brasil y muere antes de llegar y Venancio Flores. Y los ministros eran entre otros Juan Carlos Gómez y Muñoz. Entonces Juan Carlos Gómez manda una nota a los Jefes de Policía de que debían respetar la opinión sobre todo de los vecinos que estaban contra el Gobierno. Lavalleja murió, de un hematoma cerebral, como describió Wilson. Y en ese período estaba la carta de Lavalleja que había renunciado al Partido Nacional, porque estaba muy viejo. Y se muere también Rivera, que venía desde Brasil, y lo conservan en una pipa con caña. Y queda sólo Venancio Flores, enviando una circular a todos los Jefes de Policía que tienen que ponerse de acuerdo con el Gobierno todos ellos. Y si hubiera seguido Lavalleja y Rivera, seguramente hubiera cambiado algo. Porque aunque habían luchado entre ellos, se habían dado el abrazo del Monzón. Y se habría escrito otra historia].
REFERENCIAS
- Potter V.R. Bioethics: the science of survival, "Perspectives in Biology and Medicine" New York, 1970.
- Potter V.R. Bridge to the Future, Prentice-Hall Pub, Englewood Cliffs, NJ, 1971.
- Reich W.T. (coord): “Encyclopedia of Bioethics”, New York 1978.